sábado, 3 de febrero de 2007

MANCHESTER

El Manchester es un local en el que he vivido mucho y muy diverso en los últimos seis meses.

Normalmente las luces son de color rojizo pero las he cambiado porque me gustan más en azul.

Desde hace días mi futuro se decide. El inmediato. Por eso estoy espitosa. No soporto que otros decidan por mí. Yo hubiera elegido otras soluciones para estas situaciones.

En este bar he debatido mi futuro millones de veces. Unas el profesional, otras el amoroso, otras el espiritual...

Esta noche que empieza sé que acabaré allí, aunque sea de manera casual y/o metafórica.

Hace dos noches me despedía allí de Adel, el sueco bailarín. Allí me hablaron de las pistas del tiempo personal de cada un; Mr. Conejo lo eligió para decir "hola otra vez"; M. lo escoge como hogar alternativo sin orejas; Ro aprendió a decir en este lugar "chao pescao"...

Imagino que para un arquitecto no es extraño dotar a los edificios, a los lugares físicos, de una personalidad determinada. Para mí es extraño observar cómo este lugar ha acabado por ser una representación de mi currículum vital. Paredes, mobiliario, iluminación que explican el final de esta noche. Y Julieta Venegas sonando.
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1 comentario:

Pau dijo...

Tranquilidad y silencio, que ya alcanzamos al sábado. Tras una semana de locura (de ahí que me haya propagado poco), llegó la recompensa del fin de semana. Yo sí que saldré, a celebrar que todavía se cumplen años, que nos alegramos aunque el tiempo pase, aunque las decisiones cada día sean más difíciles de tomar... Pronto me tenéis por ahí, ya sólo quedan seis días, esas cervecitas fresquitas, esas conversaciones sin fin... por cierto, el hombre calcetín no atacaba hoy en BCN? Yo no me lo perdería, aunque sólo fuera un trago. Ahí os dejo, sin más, con un fragmento, para variar (¿qué coño le pasa a la poesía últimamente?)

Qué más puedo decirte?
Es cuestión de decidir.
Decidir quedarnos o decidir partir.
Decidir durar o decidir decidir.
Y yo tengo miedo de saber
que ya he tomado mi rumbo
que ya he echado a andar el viento
que mis velas se hinchan y tiran
y que el tiempo ya me da la nuca.
Quiero un último tramo de espejismos
para arrancarme si es preciso las manos
buscando el agua en nuestra arena.
Por eso quiero que vengas
para que la tal vez última vez
no haya pasado inadvertida.
Caminar por un muelle como un ciego sin saberlo
es un poco lo que no habría pasado
no es justo resbalar.
Debemos arrojarnos o permanecer de pie.
No elijamos la cobardía del tropiezo.
Ya tanto ha sido casualidad.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT