domingo, 10 de junio de 2007

15 ATRÁS


La primera vez que puse un pie en mi terreno fue algo estrictamente literal. Ponías la bamba en algo parecido a una base de béisbol y, desde ahí, todo eran zarzales en bajada pronunciada. Desde aquel día todos los sábados y domingos de mi infancia quedaron consagrados a la empresa familiar de darle a aquella selva una forma habitable. Mi padre me daba un duro por cada pedrusco que metía en la carretilla y cinco duros por llevar la carretilla y tumbarla. Su promesa de comprarme una motillo, con la que compró mi voto, se anuló en el mismo momento en que me negué a socializarme con los otros niños (fans de Sensación de Vivir que cambiaron pronto los tupés por el rapado y la bomber).

Cada fin de semana, cada festivo, todas las vacaciones.... mi padre me levantaba a gritos a las 08.30 diciendo que llegábamos tarde, como si los matorrales pudieran haber emigrado sin más. Recuerdo las caravanas de los sábados por la mañana y los domingos por la tarde (en las que descubrimos al chico que construye en el aire cosas con las manos en su terraza, a la entrada de Cubelles), las noches de verano con Sábanas con chinchetas en el wallkman sin dejar de oír los ronquidos de mi padre -en esa casucha que se ve detrás, ahora para las herramientas del jardín, llegamos a dormir ocho-, las estampidas generalizadas cuando aparecía una avispa doble, al Tronco escalando la pendiente, a mi abuelo parando al panadero en furgoneta para comprar los churritos del desayuno, la paellada para 30 que hicimos cuando la casa empezó a tomar forma y las máquinas lo invadían todo.

Lo pensaba esta tarde noche de peregrinación en el coche hasta mi casa... Ha valido la pena.

1 comentario:

Haan dijo...

TAmbién yo recuerdo cuando pise el terreno por primera vez. Estaba pero que ahora por que las reformas que se planearon no llegaron a hacerse del todo, pero los sabados y domingos con la carretilal y el chapo y el capazo y la grua, subiendo tierra, y jugando a baloncesto en la terraza. Que guay. Todavia conservo fotos de los primeros dias. Y eso fué tambiém hace quinze años!!! creo que tenía sobre los 12. El terreno sigue allí. Esperando a ser rscatado y habitado por un perro guardián de nombre Canapé.
Un beso