miércoles, 25 de abril de 2018

Nuestro Poeta Halley




Para cuando vosotros leáis esto, ya habrán pasado muuuchos años. La música es un lenguaje más.  Los méritos son todos suyos. El mensaje es común. El poeta Halley tiene múltiples puertos. La tripulación se descojona y lloriquea a la vez. ¡Magia!

Es Sant Jordi:  Literatura y rosas para tod@s.

domingo, 22 de abril de 2018

LISTA (READY)


En Navidad empecé a buscar voluntariados. Hace mes y medio encontré dos que me interesaban y que me aceptaban. Salió primero el de animales abandonados, gran descubrimiento. Me pidieron que tecleara los nombres y mails de los adoptantes (¿esa palabra existe?). Volveré a teclear cuando me lo digan, por supuesto.

Luego, por casualidad, encontré el voluntariado de Benallar en el que ofrecían un curso de formación de ELE (Español como Lengua Extranjera) abierto a cualquier perfil. Fui a la primera reunión con muchas dudas y salí con mogollón de ganas de probar y participar. El programa está tan bien montado que mis compañeras sin experiencia en el mundillo entran en las clases, dan dos horas de X (lo que sea) y salen contentos todos (ellas y los estudiantes). No se me ocurre mejor voluntario que el que se siente útil, ni mejor estudiante que el que nota que aprende y, además, se divierte.

Esta semana, mes y poco después, me han ofrecido formar parte de este proyecto a partir de septiembre. Por un lado, estoy acojonada, ya os lo digo. Por otro lado, lo que he visto en las clases, lo que he vivido como estudiante en el curso de formación y lo que empiezo a adivinar que está en proceso todavía es taaaaaaan chulo, taaaaaaaan bonito... que casi ni me preocupa no tener trabajo la próxima semana. He dicho casi. Son casi las 04 am. y no consigo dormirme. Debería haberme ido a bailar bachata con Matt, Maddie, Joe y Emily M. Hubiera sido mucho más productivo e infinitamente más divertido.

Mi plan para esta tarde era corregir exámenes pero los pies me hacían chup-chup  y estaba tan cansada que hubiera puntuado en negativo, a lo cabrona. Me he puesto una peli y la he empezado como siete veces sin enterarme de qué iba. Vencida, he llegado al blog y he tecleado esto. Trapicheando, he constatado que las entradas en borrador triplican a las publicadas. Como dice mi hermana, por algo será.

Esta es una entrada de mierda para confirmar que está pasando. Básica, sí. Elemental, también. Igual es que no hay que buscarle tres pies al gato. Escribo esto porque me da la puta gana y porque, ahora mismo, veo cómo todo fluye amoldándose a otros muchos todos de plastilina y soy consciente de que soy animal con neuronas que dan lametazos y mueven la cola. De esto el Kanka sacaría algo decente.

Lo noto. Estoy feliz y estoy lista. Se acabó el invierno y nos hemos saltado la primavera a lo loco. Todo bien. Pálante.



P.D.: A todas las unidades, el plan de escribir sigue en pie. 






jueves, 8 de marzo de 2018

Me acuerdo V


Me acuerdo del miedo de pensar que no tenía trabajo a finales de verano.
Me acuerdo del puteo enorme la primera semana de agosto.
Me acuerdo de hablar con Arantxa y respirar.
Me acuerdo de ver una taquilla vacía con mi nombre -toda para mí- y flipar bastante.

Me acuerdo de mis sobrinos de sangre y de mi sobrina postiza.
Me acuerdo de ir con los Zoan a pescar y al parque con Iró.
Me acuerdo de las caras de Los Padres de todos mis sobrinos, observándonos.
Me acuerdo de sentir que estaba más cerca de los enanos que de ellos.
Me acuerdo de sentir respeto frente al tobogán.
Me acuerdo de volver a casa con arena en los bolsillos y en los calcetines.

Me acuerdo del vértigo el primer día del semestre.
Me acuerdo del "Ratchet" y de las carcajadas.
Me acuerdo de quedarme con las ganas de un café conjunto.
Me acuerdo de uno que nació en un sofá y de otra que iba de Coros.
Me acuerdo de que me preguntaron ¿y tú? varias veces.
Me acuerdo de las bromas.
Me acuerdo de mi cara de tonta. Esos 14 llegaron a ser casi familia y no sé cómo agradecérselo.

Me acuerdo de mi madre diciéndome que el rojo me sentaba bien. Quien dice rojo, dice cualquier color que no sea negro. Paliducha como soy la mayor parte del año, según su perspectiva "Mi niña no está gorda, está fuerte porque come bien" y su mantra "No vamos de luto y tiene que notarse", la imagen sería más que adecuada.  Mi abuelo Diego, también estaría satisfecho. Yo, personalmente, la valoro como la primera foto que el Ian hizo. Me flipa el ojo que tiene mi sobrino y la sonrisa enorme, casi grotesca que me sale si los tengo cerca. También parecería que acumulo frutos secos por si the winter is coming de verdad. Honestamente, a mí, flis.


Me acuerdo de hacerme una lista de cosas para el 2017 y no tachar casi ninguna.
Me acuerdo de haber señalado con rotulador fosforito las tres primeras.
Me acuerdo de haber dibujado una uve al lado de cada una. Sé que, por más bonito que yo lo quiera hacer, vuelan puñales y te puede caer un zasca sin más. El zasca te lo llevas sí o sí, lo interesante es la cara que compones para seguir. Ahí te quiero ver, amigo. Ahí, nos entenderemos. De ahí salen grandes alianzas. Irse a la mierda une mucho, es el Loctite de nuestros tiempos.

Me acuerdo de cuando mis familiares me preguntaban si tenía la cabeza para sujetar caracolillos.
Me acuerdo de mi Yayo y de su teoría de que las mujeres bonitas -en general-  tienen el pelo largo. ¿Me lo corto esta semana y ponemos a prueba las teorías?


Me acuerdo de tantas chuminadas que me voy a tomar unas vacaciones para seguir este hilo y arrejuntar memorias, entre otras cosas.

¡Besicos!



LA PASIVA y el #metoo

Mi madre me advirtió desde pequeña y sirvió -en mi caso- para que no me pillara de imprevisto y, especialmente, para quitarme de encima la culpabilidad porque ella ya me había explicado que no había razones para que eso pasara e incluso me había dado ejemplos. Confieso que hasta no me pasó, no le di crédito y lo achacaba a la sobreprotección materna.

La primera vez que yo recuerdo fue una tarde de primavera. Nuestro cole estaba cerquísima de casa, sólo había que cruzar dos calles de dirección única y poco transitadas. Tendría yo unos 10-12 años y, extrañamente, no tenía a mi amiga Cristina esperando en el portal para ir juntas al cole. Como cada día y cada vez, salí del portal y devolví el saludo que me lanzaba mi madre desde el balcón de casa. A menos de 15 metros un abuelo me chistó desde el coche y yo me acerqué solícita. No recuerdo qué me dijo pero sí el gesto, el olor y su mano moviéndose dentro de su bragueta. 





El machismo queda en evidenciax2 cuando transformamos las oraciones pasivas en activas. Por ejemplo, cuando alguien escribe esto:

No murió sin más, la mató su pareja, un hombre. Víctima mortal ella y asesino él. Es curioso que, quien redacta, use primero la palabra mujer (y no persona, no vayamos a confundir) y después la palabra pareja y no hombre, novio, marido, follamigo, etc.... Qué bien nos va el género léxico cuando nos interesa. Ojalá no ser cómplices de la pasividad imperante. Bien lejos de quien redactó la noticia y de quien le echó un ojo y pasó de página.

La mayoría de nuestros "líderes políticos" (harían falta muchas más comillas para el esperpento actual) legislan desde y con la polla.  La sororidad existe desde hace mucho y ahora pide voz, de nuevo, para reclamar lo que es justo. Ya conseguimos dejar de ser catetas sin sombreros y estamos moviéndonos. Somos el 51% de la población mundial y no queremos #niunamenos.







jueves, 22 de febrero de 2018

MALO


Mi sobrino caga mientras vomita. Su abuela, mi madre, hace lo mismo en el otro baño. Mi sobrina ya está recuperándose y pone banda sonora a este momento cantando "La lluna, la pruna" con coreografía rockera. 

Mi padre, mi cuñado y mi hermana están físicamente en el trabajo pero mentalmente aquí y me lo hacen saber fundiéndome a whatsapps. 

Paseo el termómetro de axila en axila, administro Dalsy (acordándome de quien le puso el nombre), vacío el cubo, corto trocitos de pollo a la plancha, rasco granos de arroz hervido de varios jerseys y pantalones, dibujo y contesto al móvil al mismo tiempo, aprendo cómo funciona una tv (cuáles son los dibujos chulos chulos y quién es Lady Bug), quito mocos, pongo crema, descubro el suero, cancelo planes para mañana, doy masajes en la barriga, peino y me peinan (la Zoe pretende hacerme una trenza = dolor), escucho en loop «tengo hambre/tengo frío/tápame bien/tengo sed/tengo sueño/me duele la barriga» en versión con y sin lágrimas, a veces de verdad, otras con la voz del monstruo del miedo. 


Llega mi padre a coger el relevo y tarda cero coma en convencer a la Zoe de que tiene que dormirse de una vez, que es muy tarde, hombre ya. Y lo hace, claro. Ese es su poder y sabe usarlo. Me voy tranquila a coger el metro. Tecleo todo esto entre la L9, la L1 y la L2. 








Conclusión:

Estar mal@ es un rollo. Hacer de enfermera es algo angustioso y frustrante, dos rollos. Las matemáticas dirían que es peor lo segundo pero no.

¡Googly, googly, googly!

martes, 5 de diciembre de 2017

La vida simple V


Dormir. A días en modo abuelo, dando cabezadas cuando ni han dado el tiempo en los informativos. A ratos como los pajarillos que al anochecer meten el pico entre sus plumas y se convierten en edredón para sí mismos. A veces búho cazando ratones en el bosque. Amanece y me siento bien, eso es lo importante. El placer de quitarse las legañas y dejar que pase el tiempo hasta que te nacen los ojos. Sin prisas. He mejorado mucho en madrugar.

Perrear. Hacer ventosa en el sofá. Que el pijama sólo me diga adiós de camino a la lavadora. Tocarse a dos manos, Escuchar el silencio. Mirar el atardecer desde la barandilla del balcón (y sacarle una foto mental). Que dé lo mismo la hora y el día. Adormecerse con el calorcillo de la manta eléctrica. Meterse en la cama con calcetines y encontrarlos en el suelo después de unas elipsis. Calentar un colacao con una cucharada de café instantáneo. Seriear dejándote sorprender. Mover los marcapáginas de los libros de la mesita de noche en los días impares. Hacerme un moño sin goma, con mi propio pelo. Usar las mascarillas y cremas faciales/corporales. Olerme y oler bien. Poner una lavadora y observar cómo gira el tambor, cómo se va haciendo la espuma. Regar las plantas y hablar con ellas. Preparar con mimo un estofado para siete u ocho comidas; ir a ver cómo hace chupchup de vez en cuando mientras la ventana se empaña. Usar el móvil de reloj y ni eso.

Trabajar como si no fuera trabajo. Entrar en una clase y sentir que todo está donde debe estar. Salir de ella y pensar que ha valido la pena. Aceptar de antemano que será lo que ellos quieran y dejarme ir sin más. Despedir a Anjulie y decir adiós a una etapa (Walid, Lea, Elena, Valentina, Wladimir, Pavel, Marina, Oliver ...) Espero haber dado tanto como he recibido. Seguro que lo sabéis pero lo repito por si me estáis leyendo en algún lugar del mundo: Ha sido un placer. Ojalá volver a vernos y a compartir risas. La clase no será lo mismo sin vosotr@s. Os echaré de menos... ¡Gracias!

Entrar en youtube sin hora de salida. En modo random escucho, entre otras cosas, esto, esto, esto, esto y esto. Ni el Rufus ni la vecina de edificio ladran, todo bien.

Sobrinear. Que el Ian me cuente, por ejemplo, que hay una niña pesada que siempre que lo ve le dice "¡¡¡Quééé moooono ereeeeees!!!" alargando mucho algunas vocales y a milímetros de pellizcarle los mofletes. O, también,  que ha observado que no todas las baldosas del suelo de Barcelona tienen dibujos de flor (¿Puig i Cadafalch revolviéndose en su tumba?). La Zoe marcándome de cerca sin que se note, diciéndome adiós cada vez que me alejo unos metros de ella y hay chaquetas cerca. Los tres, o los cinco, o los siete viendo cualquier mierda en la tele, bailando la de Frozen o la intro de M. Mouse. Dibujar, cantar, contar, reír, preguntar, explicar, bostezar, hacer pipí, decorar, imaginar, cotillear, bromear, peinar, recordar, charlar, planear... y todo juntos. La intensidad de las pequeñas cosas cotidianas que transforma el lavarse los dientes en una fiesta. Terminar la sobremesa con uno en cada pierna. Darles besos y abrazos cuando se van a dormir la siesta. Recibir besos y abrazos cuando se van a dormir la siesta...

A estos últimos meses les hubiera añadido algunos días más de lluvia y les hubiera quitado momentos de estrés. Si lo máximo que puedo expresar como "queja" son un par de condicionales cutronas de tercer tipo (irreales), quizá debería empezar a creer que lo que tengo es mío de verdad y me lo llevo pa´ siempre. Esta vida simple va de cuando todas las piezas, casi mágicamente, están en su sitio y del subidón de ser consciente, de verlo, de disfrutarlo y de agradecerlo con palabras y/o con hechos.


lunes, 2 de octubre de 2017

CHURRAS Y MERINAS


Resulta que últimamente más de un@ se acuerda de mí. Lo sé por los Likes de FB, de Instagram, los RT y los corazoncitos de Twitter y, también, por los mails, Whatsapps, etc. que he recibido desde agosto. Es bonito sentirse recordada, saber que alguien dedicó unos minutos a pensar en ti y en tu situación, recibir deseos lindos y besos y abrazos y sonrisas y carcajadas... Bienvenido siempre el cariño.

En el 95% de las interacciones vía Internet que he tenido con mis antiguos estudiantes y con los amigos lejanos, empiezan por preguntarme sobre mi estado (de salud, familiar y emocional) acaban -desde la alarma casi siempre- por pedir mi opinión sobre el tema Cataluña/España, el referéndum, la independencia sí/no, etc.

Vamos al lío, niños y niñas.

Mis amigos y familiares están requetebién. El atentado terrorista de agosto fue terrible y todos nos sentimos afectados por él. Al mismo tiempo, con más/menos miedo, las matemáticas emocionales coincidieron en que X se solucionaba saliendo al mundo como cada día. No sé si es la mejor manera pero no se me/nos ocurrió otra mejor.

Respecto a lo que leéis sobre Cataluña y España: ¿Era un tema preocupante para mí hace 5, 10, 15 años? No. ¿Estaba en el Top 5 de temas preocupantes para mí la independencia de Cataluña antes del 1 de octubre de 2017? Tampoco. ¿Estaba a favor de un referéndum? Sí, si se hacía con garantías, sabiendo todos de qué estábamos hablando, con los pasos claros en cada caso. Me gustaría explicarme:

En los medios habituales de esta región prima el caos y la desinformación  En los noticieros extranjeros hay una alarma constante y cansina general que consigue que haya quien no salga de casa cuando escucha los helicópteros, llamadas de familiares del otro lado del charco, blablabla ... Mal los dos.

Para decidirme sobre si ir a votar o no, hablé con amigos y escuché a gente con la que no comparto prácticamente nada pero que, justo por eso, serviría de contrapeso. Al final, decidí no ir a votar. Ayer estuve todo el día leyendo sobre el tema y, la verdad, anduve muy cerca de cambiar de opinión. Dudé especialmente al contemplar la violencia en las calles (fuerzas del "orden" arremetiendo físicamente contra ciudadanos pacíficos) y, después, al constatar la inutilidad de los líderes políticos para afrontar la situación y encauzarla, totalmente ajenos a cualquier presente vital que yo conozca, generales que comen con cubiertos (dos platos más postre) ignorando que hay quien pasa hambre porque, por no haber, no hay ni patatas para todos.

Todo esto me recuerda a cómo me sentía en el colegio. Había un par de grupos que se peleaban día sí día no por manejar el cotarro en el patio. X decía algo, Z respondía, X la soltaba más gorda, Z se defendía con el "y tú más" y acaban todos enzarzados, discutiendo por llevar la razón, sin escuchar al otro, midiéndose las pollas. Los que no éramos ni de X ni de Z, nos dividíamos a la vez entre los que animaban la pelea y los que asistían a la misma, contrariados, sin saber qué hacer. Yo estaba en el último subgrupo. Intenté entender a X y a Z, fui la chivata que va a avisar de la pelea, hablé con los secuaces de ambos bandos, traté de evadirme saltando a una goma que atábamos entre un árbol y la valla, ayudé a pegar con celo muchas gafas...  pero nada de lo que hacía evitaba que me sintiera bastante inútil y fuera de esa/la realidad -que no me gustaba- al volver a casa.

En los primeros ´90 yo no era ni tan guapa, ni tan lista, ni tan nada como para pertenecer a algún grupo. Ni siquiera hicimos uno entre los que no teníamos. Ayer fue como tener 11 años otra vez.  No me gustó. Odié, igual que entonces, a los cabecillas sin cabeza soltando consignas de mierda y, también, a los hooligans de uno y otro lado coreándolas, repitiéndolas. 25 años después es evidente que hemos aprendido lo justo muy poco de nosotros y que no hemos aprendido a escuchar de verdad a los demás.

- ¿Eres catalana o española?
- De El Prat de Llobregat.
- ....
- Es un aeropuerto europeo importante pero también hay una ciudad que parece un pueblo. Yo nací ahí por casualidad, como todos.
- ¿Tú hablas catalán?
- Sí, y castellano e inglés. He estudiado griego moderno, alemán, chino, coreano y sueco pero solo un poco.
- ¿Te gusta más el castellano o el catalán?
- Me gusta la lasaña y me gustan los macarrones. En general, me gusta la pasta.

Sólo las cuatro primeras líneas del diálogo anterior son reales. Ahí sigo, niños y niñas, esquivando pegatinas, escuchándolo todo sin encajar (ni pretenderlo) del todo en casi nada. Un día de estos os explico por qué me importa cero haber nacido en un lugar o en otro y mucho tener escuelas, sanidad, acceso a la vivienda, condiciones laborales, etc. decentes donde sea. Otro día, si queréis, hablamos del azar y de los trapos de colores, o de los valores y derechos humanos, o de cómo la violencia no es una respuesta válida frente a una manifestación pacífica (convocada de manera legal o no, en ningún caso), o profundizamos en eso de vitorear a quienes sueltan tontadas y se lo llevan calentito o... ¿sigo?

La cacerolada de hoy ha durado 15-20 minutos en mi barrio. Habrá quien golpea la sartén porque se siente orgulloso como catalán, quien lo hace porque es una manera estupenda de quitarse el estrés de los últimos días de tensión, quien está protestando por el trato que el gobierno central ha dado a esta parte geográfica,  hay quien se viene arriba con el ritmazo que se están marcando los vecinos, hay quien se siente Furby...
Vale, ya me habéis pillado.






¿Os acordáis de lo que nos reímos todos con aquel anuncio de Scattergories? ¿Por qué nos parecía tan divertido? Pues, básicamente, porque era ¡¡ridículo!!  1, 2, 3 Cosas que puede hacer con el juego el tipo que defiende pulpo como animal de compañía. Coincidíamos todos en que el tipo era gilipollas y el hacer equipo era lo único que lo salvaba para seguir jugando con la cabeza en su sitio. Eso y que el puto juego era suyo. ¿No os suena de algo la situación?

Si llegados a este punto piensas que estoy a favor o en contra de la independencia, que me parecen más bonicas las churras que las merinas, vete a un lugar tranquilo y dale otra vuelta. Piénsalo tú solo/-a. Otra vez.

En fin... hasta aquí hoy, que para algo el blog es mío y actualizo cuando quiero.

Nos vemos,

M.
















lunes, 25 de septiembre de 2017

PASOS

Hay pasos y pasos.

Hay gente que se pone a caminar y tiene claro el destino. La Zoe, por ejemplo. La Mechita sabe lo que quiere, cuándo y cómo. No es fácil confundirla. Es miedosilla pero le puede la cabezonería. Andaba yo huyendo de las avispas y ella tranquilísima protegida por su abuela -que es mi madre- jugando a cubrirse entera de arena. Al Ian le apetecía más corretear guiando las avispas hacia nosotras, convencido de su poder sobre ellas, carcajeándose.




Hay herman@s que necesitan un tiempo hasta entenderse y otros que no lo hacen nunca. Mi hermana y yo somos de las primeras. Ellos son de la categoría C. Dos y cinco años, se comprenden desde siempre. Ella lo idolatra y repite/amplifica todo lo que él hace. Él la adora y se enfada con quien la trata mal. Juntos son un par de trastos ingobernables. Separados son una delicia también. Hoy han pescado por primera vez (6 piezas) pero estaban más centrados en conquistar las dunas y proclamarse reyes del norte, conquistadores y soberanos de las avispas.

Luego, en casa, el Ian me ha contado que tiene una novia (Leire) y que le ha confesado que la quiere mucho. Su primer "Te quiero". Le he preguntado por qué la quiere y me ha respondido que no se acordaba (excusa patillera que usa cada vez que no quiere contar algo). Después me ha hablado de sus ojos y de lo preciosa y buena que le parece. Ella no le dijo que le quería pero a él no le importa demasiado porque es feliz sí o sí. Su futura profesión -hoy- está entre ser profe, policía o diablo (de los de las fiestas).


Orgullosa de los dos y de los pasos que dan. Ha sido un lunes casi domingo, gustoso y apreciado. Cada uno con sus cosas pero sonriendo todos, disfrutando del festivo, poniéndonos al día en arrumacos, confesiones y lindeces. Me voy a quedar con una última imagen que ha pasado casi desapercibida: El Ian, el Papa y el Matías, amor intergeneracional.




viernes, 22 de septiembre de 2017

CHARNEGA

Esta es la segunda noche de cacerolada. Hoy han sido 10 minutos menos que ayer, o sea, 20. Sin helicópteros por el momento. Salgo al balcón y hago recuento general de mi panorámica:

- Banderas: cuento aproximadamente 140 balcones y unas 20 banderas a favor del referéndum pero no explícitas respecto a su voto a favor o en contra de la independencia.

- Cacerolistas: 60-70%. Ya no hay sol y cuesta distinguir entre los que observan curiosos y los que participan. Igual es porque se me dan fatal las mates, igual es que la gente alarga el piti sintiendo la rauxa pero no quiere significarse, lo mismo es que se van turnando para sostener las ollas... En mi edificio sólo hay dos golpeando sartenes (2/10) pero nos encontramos, observamos y saludamos todos haciendo balconing catalán. Aquí convivimos en buena armonía ingleses, norteamericanos, argentinos, chilenos, tarraconenses, valencianos, pratenses, granadinos... Cada cual con sus cosas, todos con espíritu de vecindad siempre.

La última vez que yo recuerdo ver expresando un malestar general tan enorme, pasamos de las ollas a las manifestaciones silenciosas. Cubiertos y gargantas mudas plantando cara a los múltiples interrogantes: ¿Quién nos pregunta? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Quién nos escucha? ¿Cómo se nos interpreta? La conclusión que yo saqué de todo aquello fue que, para los poderosos de aquí y de allí, acabamos siendo como adolescentes que nadie toma en serio, digan lo que digan, PUTOS MOCOSOS. Me da en la nariz que se está jugando, otra vez, una partida de Risk privada. Me huele a que pringamos, otra vez, los de siempre. Da igual quien "gane", los ciudadanos de a pie venimos perdidos de casa. Leyendo y viendo las intervenciones de algunos políticos los últimos días, me da pavor pensar en el futuro. Entre la mayoría de ellos se guardan las espaldas y hacen juramentos de meñique sin pensar en ninguno de nosotros ni por un segundo.

La situación, en mi ignorante opinión, se resume en un cutre: ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? ¿No estamos de acuerdo en que es una pregunta de mierda? ¿No es evidente que no saldrá nada bueno de un interrogante gigante que se pretende resolver con la elección simplista de A o B a mano alzada? ¿Quién cojones está a cargo de lanzar esas cuestiones tan mal planteadas a la comunidad? ¿Qué putos baremos piensan seguir unos y otros para calibrar las respuestas? ¿Es una puta broma? No sé, no sé, no sé, no sé... SÍ. Tiene que ser una puta broma de esas que luego te ríes un montón.

La que escribe nació en El Prat de Llobregat y se siente al 50% ciudadana del barrio de Sant Jordi y de Tetuán. Decidir entre catalanismo y españolismo me parece igual que meterme a comprar ropa en el Aliexpress: ininteligible y un gasto estúpido para mi bolsillo raído. Los nacionalismos son, para mí, básicamente una entelequia inútil porque nacer en un lugar X o a miles de kilómetros de lo que consideras tu hogar es una mera cuestión de azar. Entiendo, eso sí, que la idea reduccionista de las fronteras nos hace más gobernables. Las ovejas, de por sí, somos atractivas. Un lobo de vez en cuando y ya las tienes en vereda. Más ovejas, más lobos. Muchos lobos, pocas ovejas enteras. Y ahí estamos, descarriadas todas huyendo de los lobos de un y otro lado.






martes, 12 de septiembre de 2017

LA VUELTA AL COLE



El Ian viene a verme con el resto de familia. Los mayores hablamos sobre qué hacer antes de ir a cenar y él dice que no importa si vemos Gegants o no pero que no quiere ver más Castellers porque le parecen un juego de construcción con niños y eso no le gusta.

Empieza el cole en un par de días y la idea le parece tan apetecible como cualquier otra porque a su edad - y con su carácter-  todo es interesante. Le gustaría, eso sí, venir a una de mis clases para que le enseñe a silbar (¡!) y para, básicamente, cotillear un poco mi mundo.

La Zoe tarda nada en contarme de la villana de su clase que la empujó sin venir a cuento y es mala. Lo repite incansable y muy indignada. No me queda claro si se llama Lucía o María o Sofía. Algo que acaba en -ía y que hace que se prenda la Mechita al recordarlo. Prometo no olvidarme nunca de la afrenta, Zoe. Pst, pst  en unos años ni te acordarás de ella :-)

Las vacaciones (a ellos) y el nuevo trabajo (a mí), nos han sentado de puta madre. Andamos todos más morenos y muuucho más tranquilos. Como diría mi abuelo: "Así, ahora, parecemos todos de buena familia".