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jueves, 22 de febrero de 2018

MALO


Mi sobrino caga mientras vomita. Su abuela, mi madre, hace lo mismo en el otro baño. Mi sobrina ya está recuperándose y pone banda sonora a este momento cantando "La lluna, la pruna" con coreografía rockera. 

Mi padre, mi cuñado y mi hermana están físicamente en el trabajo pero mentalmente aquí y me lo hacen saber fundiéndome a whatsapps. 

Paseo el termómetro de axila en axila, administro Dalsy (acordándome de quien le puso el nombre), vacío el cubo, corto trocitos de pollo a la plancha, rasco granos de arroz hervido de varios jerseys y pantalones, dibujo y contesto al móvil al mismo tiempo, aprendo cómo funciona una tv (cuáles son los dibujos chulos chulos y quién es Lady Bug), quito mocos, pongo crema, descubro el suero, cancelo planes para mañana, doy masajes en la barriga, peino y me peinan (la Zoe pretende hacerme una trenza = dolor), escucho en loop «tengo hambre/tengo frío/tápame bien/tengo sed/tengo sueño/me duele la barriga» en versión con y sin lágrimas, a veces de verdad, otras con la voz del monstruo del miedo. 


Llega mi padre a coger el relevo y tarda cero coma en convencer a la Zoe de que tiene que dormirse de una vez, que es muy tarde, hombre ya. Y lo hace, claro. Ese es su poder y sabe usarlo. Me voy tranquila a coger el metro. Tecleo todo esto entre la L9, la L1 y la L2. 








Conclusión:

Estar mal@ es un rollo. Hacer de enfermera es algo angustioso y frustrante, dos rollos. Las matemáticas dirían que es peor lo segundo pero no.

¡Googly, googly, googly!

miércoles, 19 de julio de 2017

The Fall (2008)



De esta peli nunca sé con qué quedarme. Véase: Lee Pace, su voz contando la historia (debería cobrar dos veces) y sus lagrimones como peras. La niña, su acento y sus carotas. Los cuatro amigos, los paisajes, la música, la Americana Exótica...

Todavía confío en que cuando no hay un Wallace, ni una mariposa, ni un amor romántico, ni misticismo, ni trucos, ni explosivos suficientes, ni ganas, ni agua, ni ceja que tocarse... vienen los elefantes para cruzar el mar, una niña (o más) con la dentadura justa para comerse gustosamente una naranja hablándote como si supiera y diciéndote dónde mirar, alguien que pone la espalda por ti, otro que corta la cuerda....  y acabas pasando de algo casi fúnebre a un rollo épico esperanzador y equilibrado.

Y hasta aquí llega la parida ociosa del día, niños y niñas. ¡Cuidarse! [Esto la RAE todavía no lo tiene contemplado pero, viendo el panorama, estará al caer]



¡Googly, googly, googly!