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miércoles, 16 de diciembre de 2020

SACIEDAD SEMÁNTICA


 

No sé si es el cansancio o alguna secuela del Covid19 pero últimamente siento que me cuesta un trabajazo encontrar la palabra adecuada.

Cuando lo hago -si lo hago- la repito varias veces en mi cabeza y con mi boca para fijarla y que no vuelva a perderse PERO a veces, en medio de ese proceso que se mueve entre el mantra y la posesión infernal.. ALEHOP,  la palabra se queda en mi lengua sin significado, como muerta. Entonces la escribo dudosa, la repito de nuevo, intento pensar en su origen y existencia.

Lo más efectivo es desandar el camino, recordar por qué he pensado en esa palabra, cuál era el contexto, adónde pretendía ir con ella...

 

Hace poco me pasó con la palabra DESDE y entré en un bucle tal que acabé buscándola en Google.

 

En el capítulo 6 de Ted Lasso hablan de esto. A 15 días de acabar el puto 2020. 12° y solecito. La casa huele a mapo tofu. En la serie, Dani Rojas grita: "¡El fútbol es VIDAAA!"

 

VIDA

Vida

VI - DA

vi - da

Viiiiiidaaaaa

 

¡Venga, vamos Mai!


viernes, 4 de mayo de 2018

LUGARES EN EL MUNDO



Hay lugares en los que me siento feliz y que, en realidad, son tan inaccesibles como imágenes en blanco y negro o sepia tostada. Me incluyan o no, me preceden y nos anuncian. Me acuerdo ahora de Sebastián Serrano cuando nos decía que éramos los supervivientes ya de entrada y que debíamos valorarlo. [También nos habló del efecto positivo que causan los abrazos en las personas mayores y recuerdo cómo nos animaba a reactivar las células de nuestros abuelos a base de caricias. Nunca investigué la base científica de su afirmación pero me pareció lógica y sencilla de inicio; un win win de libro que yo empiezo a entender.]

 

Alaska, Hawaii, las Maldivas, Islandia, Togo, Egipto, Suecia, Madagascar, Australia, Corea, Japón, Noruega, Uruguay y el resto de destinaciones con las que sueño seguirán copando los primeros puestos como sitios deseados a los que ir y Belice como contrapunto musical (que no geográfico) Los mejores lugares en el mundo que se me ocurren son los que ocupo como tía, hermana y profe. Coinciden -sorpresa- con los lugares que más alegrías me dan, en los que me siento más cómoda y en los que más me gusta invertir energía y tiempo.

No soy madre y, por eso, mi hermana no es tía. Cada cual en la función que le ha tocado. Hoy he descubierto que el Día de la Hermana es el primer domingo de agosto, el Día de la Tía es el segundo domingo de octubre y el Día del Profesor el 27 de noviembre. Me comprometo a celebrarlos todos esté donde esté, esté como esté y sea como sea a partir de ahora. Cualquier excusa patillera me parece buena para achucharnos, es verdad. Justificada o no, la realidad es la que es y la acepto gustosa aunque no haya nadie por las calles.






P.D.: No he puesto foto de Iró porque he tecleado sin pedir permiso a A. y a K. pero es sobrina igual que los otros dos mocos. El día se conozcan:
A. Implosionará el mundo. 
B. Lloraré.
C. Sacaré fotos para inmortalizar el momentazo.  
D. Haré de intérprete entre los mocos V. y la moco L.  
E. Me tiraré al suelo y que sea lo que tenga ser.





(B, D, E)

lunes, 14 de noviembre de 2016

QUERER (y) ENAMORARSE



La primera vez que me enamoré  fue, con cuatro o cinco años, de O., un compañero de guardería. Eso dice la Yaya, o sea, mi madre. Según cuenta, me pasaba el día embobada mirándolo, sacaba la cara por él cuando el Jonathan -el pelirrojo- le cascaba y confesaba mis sentimientos alegremente, sin que nadie me preguntara. Lo único que yo recuerdo de aquello es ir con mi madre a la juguetería que había a una calle de casa y que llevaban los del ático porque era el cumpleaños de O. y ponerme muy pero que muy pesada para que le comprara a O. un avión con ruedas que me parecía lo más. Perdí su pista pronto y no lo eché de menos. Sé que tiene un par de churumbeles porque en ese sitio, todo se sabe.

La segunda vez que me enamoré fue de D.F.P., un chico de mi clase de E.G.B. que llegó en 2º o 3ª. Hasta 8º anduvimos observándonos de lejos. Yo sabía lo justito de él y él todavía menos de mí. Nos despedimos con un abrazo y eso -la proximidad física- ya me pareció un gran qué. Vivió durante un tiempo cerca de mis padres y supe de algunas de sus historias románticas y que había sido padre. Nunca más lo vi.

La tercera vez que me enamoré fue de P., un tipo del instituto, amigo común de otros amigos. De él recuerdo mucho más porque, a pesar de los off y on, la tontería se prolongó en el tiempo. Me acuerdo de él y su pelo larguísimo subiendo al autobús que los llevaba a Italia (que es otro país pero parecía otro continente entonces), de sentarme en su regazo una noche antes de salir a celebrar las fiestas de El Prat (cuando aún no tenía desarrollada la boviscopofobia al nivel actual), de una conversación muy dramática en el parque del Blau y de montones de clicks a lo largo de los años. Me enamoré de él y, además, lo quise después. Y mucho.

La primera vez que yo quise a alguien conscientemente me pilló por sorpresa. Se llamaba J. y había sido novio de una "amiga". Ocurrió sin más, otra vez a finales de septiembre, repartido el inicio entre el aeropuerto, los fingers y la tienda de chuminadas en la que yo trabajaba mientras empapuzaba helado y muffins. Coincidió que se juntaron la química, las ganas, la curiosidad y la casualidad. Cinco años después nos separamos y seguimos hablando a día de hoy, de cuando en cuando. De esa experiencia me quedo con la idea de que J. está para mí y yo para él, más de diez años después. A diferencia de cuando estábamos juntos, ahora hablamos en ocasiones contadas pero muy bien, desde un amor del bueno cargado de gratitud y confianza por ambas partes.. Feliz de oírle feliz.

La cuarta vez que me enamoré fue de G. y fue un despropósito de principio a fin pero sirvió para que yo diera un paso más allá. G. fue el primer tipo adulto en enseñarme a protegerme de mis deseos. Con él aprendí a ser práctica y a perder la vergüenza, a caminar por Madrid como si hubiera nacido allí, a exigirle a la recepcionista algo parecido a lo que salía en la foto y a arrastrar como si nada una maleta para abrirla dos veces en tres días. De él también vinieron las primeras disputas entre cuerpo y alma corazón/loquesea. Algo es algo.

La segunda vez que yo quise a alguien conscientemente estaba cantado. Había estado enamorada de P. de adolescente y, lo que empezó a principios de verano como un experimento entre un par de buenos amigos que jugaban a darse cariño, acabó cinco o seis años más tarde con mucho drama x2 y el triple de traumas. De aquella época aprendí que "Te quiero" significa muchas cosas y no todas bonitas, que Disney debería pagar por la alarmante cantidad de relaciones nocivas que hay y se piensan idílicas, que los padres son los Reyes Magos (SS.MM.), que el equilibrio es importante, que la mentira es el camino más fácil y el más chungo, que el respeto que ganas hoy tienes que volver a ganártelo mañana, y que, por más que cueste, aunque nos hayamos acostumbrado (principalmente por eso) hay que ponerle un final al ritual caníbal. La última vez que hablamos me sorprendió escucharlo tan de lejos.

Mis amigos no sólo no se preocupan sino que se descojonan cuando les digo que yo ya no tengo corazón, que no me queda, que ahora tengo patata. A mí, honestamente, me da cosa por aquello de que mis amistades no me tomen en serio y se partan la caja cerca de mí (que diría T. Blanco) sin que yo mueva un puto músculo facial. Menos risas, cabritos, que la patata está viva y apunta en almidón ahora que la Zoe ha aprendido, por fin, a decir "Tita" cuando me ve o me escucha. Tiene, de momento, dos tonos: el enfaducado y el amoroso. En el primer estado es como una de esas cabrillas que hace que se desmaya. En el segundo, es como un híbrido entre perezoso y koala. No podemos pedirle más a una criatura de menos de dos años. El Ian, desde que es hermano mayor, está más creativo:

- OOOaaak -onomatopeya de eructo liberado directa y felizmente en la cara de su progenitora.
- ¡Ian, jo, que me lo he comido! - dice su madre, molesta.
- Pues así ya no tienes que cenar - responde él inocente, sin un ápice de ironía, tan pancho.

Un artista, ya os digo.


A menos de un mes de cumplir 37 me doy cuenta de que todo se ha ido acelerando últimamente. Ha habido algunos enamoriscamientos y eso de "querer" ha mutado de tal manera que, a día de hoy, -alehop- quiero más, a más y mejor.  Lo escribo como si nada pero tengo la misma cara que el Ian cuando descubrió que fúbol se dice /fútbol/ en inglés también.


domingo, 7 de agosto de 2016

LA VIDA SIMPLE IV


Hoy es Zoan y aquí hemos venido a pasarlo bien.

Se abre la puerta y llegan a darme besos primero la Xena -con la ventaja que da tener cuatro patas y saber usarlas- y luego la Zoe carcajeándose y tambaleándose. Click.

Beso a mi hermana.
- ¿Y el Ian?
- Uy, pues no sé... -me guiña un ojo y saca la lengua.
- ¿No está? ¿Se ha ido? Vaya... Pues es una pena porque le había traído un par de regalitos...Nada, unas cosas muy pequeñitas... Bueno, jugamos tú y yo y se lo enseñamos cuando venga, ¿te parece bien?

Y aparece el Ian por el pasillo y ya no se acuerda de que estaba escondido pero sí de los regalitos y de que le he prometido quedarme a dormir y jugar a un montón de cosas. Salta a besarme y abrazarme.

- Ya te echaba de menos - me suelta, como si supiera qué está diciendo. La intención, aquí, cuenta. Click.
- ¡Anda ya! ¡Pero si me viste hace dos días!
- Ya, Tita, pero yo quiero que estés aquí todos los días y tú me dijiste que ahora no trabajas...

El día que aprenda lo que puede hacer sólo con palabras, voy lista.

Ian me preguntaba el otro día si él tendría primos y yo le contesté que, por mi parte, directamente, era muy poco probable. Íbamos los dos de camino al Mercadona a comprar los ingredientes que nos faltaban para hacer nuestro primer pastel cuando me regaló -así, a lo loco- a sus futuros hijos y a su hermana Zoe. Yo empecé hablándole de Iró y acabé explicándole cómo se extinguieron los dinosaurios.

- Otro día voy a ir a tu casa y tú vas a cuidar a la Zoe y se quedará en tu casa y así no estarás solita...
- ¡Uy!¡No! Yo os cuido a todos un rato pero a mí me gusta estar sola...
-¿¿¿Sí, Tita???
- Sí, sí. A mí me gusta muchísimo estar con vosotros pero también me encanta leer y ver películas y series y para eso no necesito a nadie, ¿sabes?
- A mí también me gusta ver pelis...
- ¿En serio?
- Tita, ¿hacemos un cine esta noche?
- ¡Claro! ¿Qué quieres ver?
- El año pasado vi el Arlo y ahora tengo súper pesadillas del Arlo...
- Ufff... pues entonces el Arlo no, yo no quiero dormir mal...
- Y otro año vi La Bella y la Bestia... ¡y me gustó mucho!


Vemos a los yayos, jugamos con el camión de bomberos, echamos carreras, cocinamos macarrones... Está intentando averiguar por qué yo no hago siesta como él. Le explico que no puedo, que me encantaría pero que soy incapaz y veo cómo me escudriña, asegurándose de que no le engaño, y me da un beso muy sentido antes de enfilar hacia su cama.
- Tita, ¿cuando yo me despierte tú estarás?
- Sí... ¿Ves esa bolsa? Pues ahí tengo el bikini y cuando tú te despiertes, nos iremos a la playa, ¿te apetece?
- ¿Te vas a quedar a dormir hoy conmigo? Porque me lo prometiste...
- Pues claro... Las promesas, se cumplen.
Y él se ríe encantado porque sabe que no le miento. Click.

Se nos pasa la tarde en ponernos los bañadores, saltar olas, ir a ver barcos y tablas de windsurf, construir castillos y decorarlos con albondiguillas de arena y conchas, mirar (yo) mal muy fuerte a un niño que será asesino en serie en unos años y súper mal (yo, again) a su madre que tiene la misma capacidad de reacción que un caracol, jugar con la Iria y ponernos de arena hasta las cejas. Mi sobrino Ian tiene una memoria imprecisa respecto al tiempo (dice año y en realidad es lunes, mes..) pero muy ajustada en otros aspectos. Todavía -por suerte- no entiende la malicia pero se parte de risa tras asegurarse de que no es grave cuando me ve cojear y me escucha blasfemar por lo bajini después de pisar un puto rastrillo en la playa.

Ya en casa, pasamos por la ducha los cinco y acabamos todos en el sofá viendo "El rey  León". Los Zoan no se saben las canciones pero, de alguna manera, sí que entienden que esta película es nuestra favorita y, aunque se caen de sueño los dos, aguantan y hasta se unen a nuestros vibratos y carcajadas. La voluntad es lo que cuenta. Click.


Cantamos a dúo estoestoesto esto. Nos reímos a coro con esto.
-  ¿Te está gustando la película? - le pregunto al moco que sabe hablar.
- Sí -contesta pensativo- y mañana les voy a decir a mis amigos del parque que la Tita se ha quedado a dormir.
Click.

Sueña algo pero no es la súper pesadilla del Arlo así que seguimos durmiendo, yo en la cama de abajo, hasta casi las nueve.

- ¿Has dormido bien, Ian?
- Sí, Tita, muy muy bien.
- ¿Sí? Yo pensaba que tenías pesadillas porque hablabas mucho y respirabas fuerte...
- No... Yo no... Igual tú has tenido pesadillas y soñabas eso - me suelta sonriendo. Click.


Odio el calor pero lo acepto cuando viene del abrazo de los Zoan. No es que cambie de opinión, es que valoro y aprecio sus muestras de cariño. Cuando alguien te quiere bien y mucho -pese al vertiguillo- hay que responder desde la conciencia de que "No quiero sudar" no es una excusa ni medio válida -tan cutre que ni se puede usar el tamaño normal de fuente- y de que, si la sueltas o te pones en un plan estúpido parecido, vas a tenerlo jodido para compensar tanto. Y ahí la llevas. niñ@.

La Zoe aporrea la puerta del baño mientras me adecento y se lanza mimosa a mis brazos en cuanto la abro. Desayunamos los cuatro tranquilamente en el sofá, bien cerquita unos de otros, bien de risas.. bien de Hakuna Matata.







martes, 5 de agosto de 2014

IAN y el hombre de mi vida



Con lo joven que te imagino leyendo esto y, aún y así, la de veces que has debido de escuchar esa expresión, la mandanga de "El hombre de mi vida". Como si no aprendiéramos, niño... mándame unas cuantas piedras más con las que tropezar, eso de los niños con los cordones desatados que se van pegando lechugazos, lo de meterse en la piscina sin guardar un tiempo prudencial desde la última ingesta. Bah, leyendas urbanas.

Hablaba sobre este tema hace poco con un grupo de "raros" que me incluyen y llegábamos a la conclusión de que la tradición heredada pesa mogollón. Ya te lo confirmo, bicho, yo también he dicho que Fulanito era el hombre de mi vida. Varias veces. Sin ponerme ni medio colorada. Y me he comido piedras casi idénticas, y he tenido momentos bochornosos con los cordones y me he paseado por la playa dos horas mojándome solo las pantorrillas por si las moscas. La ignorancia es muy atrevida, Niño-Búho. Y muy poderosa.Y entra muy bien.


A mi edad, pequeño, puedo afirmar que tengo, como poco, dos hombres de mi vida. Cágate, DOS. Pues sí... y olé yo, ¿no? Es que uno escucha la mierda de frase y se pone en plan oso amoroso forever, pareja indestructible, amor verdadero salido de las entrañas de un becario de Disney. Y no, no va de eso.

Los hombres y mujeres de nuestra vida no saben del tiempo ni entienden de guiones pastelosos porque son personas que sacan lo mejor de ti y superan en positivo cualquier script previo. Me parece que es ese tipo de peña que te pone a prueba, de la de "No te gusta bailar pero vamos a mover el culo, nena, que lo haces de escándalo", o de la que te planta un micro para que superes tu miedo escénico o de la que te hace una pregunta insidiosa para que dejes de salvar la ropa de una puta vez, que ya toca, coño. Gente que lo hace cuando toca (ni antes ni después, el timing es muy importante), porque quiere (no va buscando palmaditas en la espalda), porque te quiere, cada vez, como sea, por ti y para ti. Discutir es opcional.


Los hombres de mi vida sois mi padre y tú.