martes, 5 de agosto de 2014

IAN y el hombre de mi vida



Con lo joven que te imagino leyendo esto y, aún y así, la de veces que has debido de escuchar esa expresión, la mandanga de "El hombre de mi vida". Como si no aprendiéramos, niño... mándame unas cuantas piedras más con las que tropezar, eso de los niños con los cordones desatados que se van pegando lechugazos, lo de meterse en la piscina sin guardar un tiempo prudencial desde la última ingesta. Bah, leyendas urbanas.

Hablaba sobre este tema hace poco con un grupo de "raros" que me incluyen y llegábamos a la conclusión de que la tradición heredada pesa mogollón. Ya te lo confirmo, bicho, yo también he dicho que Fulanito era el hombre de mi vida. Varias veces. Sin ponerme ni medio colorada. Y me he comido piedras casi idénticas, y he tenido momentos bochornosos con los cordones y me he paseado por la playa dos horas mojándome solo las pantorrillas por si las moscas. La ignorancia es muy atrevida, Niño-Búho. Y muy poderosa.Y entra muy bien.


A mi edad, pequeño, puedo afirmar que tengo, como poco, dos hombres de mi vida. Cágate, DOS. Pues sí... y olé yo, ¿no? Es que uno escucha la mierda de frase y se pone en plan oso amoroso forever, pareja indestructible, amor verdadero salido de las entrañas de un becario de Disney. Y no, no va de eso.

Los hombres y mujeres de nuestra vida no saben del tiempo ni entienden de guiones pastelosos porque son personas que sacan lo mejor de ti y superan en positivo cualquier script previo. Me parece que es ese tipo de peña que te pone a prueba, de la de "No te gusta bailar pero vamos a mover el culo, nena, que lo haces de escándalo", o de la que te planta un micro para que superes tu miedo escénico o de la que te hace una pregunta insidiosa para que dejes de salvar la ropa de una puta vez, que ya toca, coño. Gente que lo hace cuando toca (ni antes ni después, el timing es muy importante), porque quiere (no va buscando palmaditas en la espalda), porque te quiere, cada vez, como sea, por ti y para ti. Discutir es opcional.


Los hombres de mi vida sois mi padre y tú.







sábado, 2 de agosto de 2014

IAN y la felicidad



Este sábado lo hemos pasado caseando y playeando. Ha sido bonito jugar contigo a saltar las olas para que no nos comieran los pies, curiosear qué pasa al otro lado de la puerta cuando la cierras y observas por la mirilla, practicar cómo hay que cerrar la boca cuando viene una ola grande, oler las verduras de plástico y cocinarlas de mentirijilla pero con mucho cuidado, hacer anillos de plastilina y regalárselos a tus papás, poner voces para imitarnos mientras nos partimos de risa, hablar muy flojito y decir tonterías, salir al balcón, pasear en triciclo por él, determinar mientras tanto si iba a llover o no sabiendo, ya de antemano, que daba igual, que es lo de menos.

El 95% del tiempo que paso contigo constato que eres feliz. Muy feliz. Se te nota cuando vamos haciendo el trenecito hasta la ducha, desparramando el agua salada de tu cubito de playa entre unos y otros, devolviendo a su sitio la ficha que hemos rescatado de debajo del armario de la tele (quién sabe cómo llegó ahí...), enfilando hacia la siesta en tu cama grande cogido de mi mano, metiéndote vegetales de trola en el calzoncillo (esto no lo haremos más, vale? culpa mía), lavándote las manos en el bidet y jugando con la espuma...

El Ian adulto que lee esto quizá ya se ha olvidado de lo feliz que se puede ser con cosas minúsculas. Ojalá no. A mí se me había olvidado que era facilísimo, pero ahora ya me he acordado, NiñoBúho. Prometo que yo te lo recordaré cuando te haga falta.


Hoy me has contado un secreto importantísimo y eso sin que sepas qué coño es un secreto. Yo te explicaré, poco a poco, de qué va el tema. Vamos a darnos un tiempín para procesar información, no vamos a adelantar historias porque, fíjate, hoy parecía que iba a llover y, al final, he vuelto como un cangrejito a casa.


martes, 22 de julio de 2014

¿Qué es arte?



El título ha sido la pregunta lanzada en clase como calentamiento para presentar al monstruo Serestar. Se ha discutido más bien poco, la verdad, porque esta gente son de conformarse rápido y de verlo todo bonito pero hemos pasado hora y media larga charlando sobre arte como concepto que engloba a peluqueros, pintores, profesores, poetas, oradores, modistas, deportistas, diseñadores, fotógrafos, cocineros y un sorprendentemente largo etcétera.  Unas actividades más tarde, compiten como locas en una carrera de verbos y salen cosas como la imagen que ilustra el post.

Ayer hablaba con un amigo sobre la pasta, la suerte y el futuro. Siendo tan obvios como somos, acabamos fantaseando con la lotería y se nos fue tanto la pinza que nos quitábamos las palabras de la boca, detallando una hipótesis que llegó a tener cara, ojos y boca propia.

Si algún día me toca la lotería, lo primero que haría sería llamar a Elisa y a mi padre. A ella le pediría que cogiera un taxi al aeropuerto y a él que aparcara el camión, se fuera a casa y llevara a toda la familia al mismo punto. Yo haría lo mismo que Elisa pero sin pasar por casa, sin recoger nada, y en el taxi iría llamando a mi hermana, a mi madre, a mi cuñado, a Helena, a Ricardo... El trayecto es breve así que no daría para mucho más. Confío en el boca a boca.

En el aeropuerto de El Prat pillaría billetes para todos en los primeros vuelos y echaríamos el rato en cosas tales como comprar maletas y llenarlas, comer algo, coger algunos libros y caprichitos variados en el Duty Free... Ah, desconectaría el móvil, no lo he dicho pero es muy importante. Sí, desconectaría el móvil y me olvidaría del calendario y de las citas, de los compromisos y de su puta madre. Adiós, adiós. Sería un rollo "Cuatro amigos" pero a lo bestia. Sólo se acabaría la primera fase cuando unánimemente dijéramos: "¡Basta! ¡No podemos pasárnoslo mejor!"

La segunda fase sería algo más práctico: contratar un buffete de abogados de ésos que se caga la perra tal como aparecen, un médico privado, un seguro de vida, unos cuantos asesores inmobiliarios de diferentes países, algunas compañías de mudanzas.. Y claro, preparar la tercera fase entre siesta y siesta, aduana y aduana.

Mi padre, si quisiera, podría pasarse la vida entre tomates y cerezos, preocupándose solo de que la temperatura de la piscina esté a su gusto; mi madre, también, un entrenador personal, un personal shopper, no sé, habría que pensarlo. Mi hermana, mi cuñado y mi sobrino, por supuesto, unas vacaciones larguísimas y luego lo que les apeteciera (un negocio propio, tumbarse a la bartola y disfrutar del crío...). Ya en este tercer paso del tema, haría realidad mi sueño de tener una escuela de español para extranjeros. Precios asequibles para estudiantes y salarios más que respetables (esto es, como mínimo cinco dígitos anuales y nunca menos de un 4 como primera cifra) para profesores y administrativos. Clases gratis cada puto miércoles como garantía de que tendríamos al mejor equipo docente de la historia. Aperitivos de bienvenida todos los lunes sin racanear. Vacaciones pagadas y de libre elección para todos los trabajadores. ¿Sigo? Basta decir que la escuela de Barcelona sería la primera de otras muchas.


La conclusión más interesante en el debate la lanzaba Mary ya en su definición: "Qué es y qué no es... lo decide el que mira" Me he acordado al instante de una frase que dice mucho mi hermana: "El malo siempre es el lobo cuando la que cuenta la historia es la Caperucita"

A estas alturas del cuento: o pillo unas buenas vacaciones o me toca el Gordo o... Para la tercera opción sólo se me ocurren travesuras típicas de persona que no tiene nada que perder, la conciencia tranquila, la cabeza bien alta... y ganas de seguir jugando.


¡Alé, niños, a disfrutarla!

martes, 24 de junio de 2014

RUIDO BLANCO



Hay personas que abren la boca y sueltan ruido blanco. Todos sabemos de qué va el tema... y cómo acaba. Una misma voz prostituyéndose, buscando atención en todas sus modulaciones, información plana, nieve que cae sobre cualquier cosa y cubre el espacio y el tiempo sin virtud.

Muchos, de pequeños, habíamos caído en el sueño gracias al ruido blanco. Los mismos que, de adultos, nos alteramos cuando un ser cualquiera nos aturulla con su ruido blanco constante, con sus quejidos impostados, sus lloros altamente dramatizados, sus falsas vocecillas, sus carcajadas huecas, sus contenidos insulsos y repetidos hasta el asco y la vomitona, sus patéticas pajas mentales verbalizadas...

Poltergeist y la niña que entiende el ruido blanco, ejemplo más que suficiente. Debería estar pagado, en serio, porque es malo y te deja tonto.

lunes, 23 de junio de 2014

LA AVISPA, LOS PETARDOS Y LA VECINA



Tengo la costumbre de mantener las ventanas de mi habitación abiertas durante todo el año, día y noche enteros. Desde que vivo aquí, en este piso que ha acabado siendo mi primer hogar propio, cada previo y post San Juan, tengo que explicar a mis estudiantes que los pelos y las ojeras no son un atrezzo para la celebración sino el resultado patente a esa broma secreta que pasa de generación en generación que consiste en lanzar petardazos cuando la ciudad ya ronca. Chascarrillos familiares y/o broncas vecinales que me hacen replantearme lo de la evolución de Darwin y tal... Me sobran, en días así, varios millones de humanos (a sumar a los habituales, que no convalidan) y es que imagino a esos presuntos adultos dándoles a sus pequeños -la gran mayoría todavía con cara de proyecto de persona con miedo- billetes de 5 euros y un par de mecheros, diciéndoles :"Corre, corre, mete un billetito en una lata vacía, ya verás qué risa!! Y no te quemes, que hasta el año que viene no tenemos para ropa nueva!!¡¡Qué bien se lo pasa el joío!!"



La segunda costumbre veraniega es La Avispa. Sí, en singular. Estoy convencida de que es una, la misma cada puto año, que me pilló la matrícula el primer día que apareció en mi habitación, se descojonó al ver a una tipa fortota correr como alguien con problemas motrices y vuelve cada San Juan a hacerme bulling o mobbing o algo de eso terminado en -ing chungo. ¿Alguien sabe cuánto vive un bicho de esos? Porque igual la visita a mi casa es ya una especie de rito iniciático para su comunidad... Hace tres días, al subir a casa y darme cuenta -again- de que podría perfectamente hacer mi huerto urbano en los ventanales de mi balcón, me armé de un flis y unos metros de trapines poseída por un espíritu urbanita guerrero. Un segundo más tarde estaba allí La Avispa, más morena y grande. Lo primero -y único- que se me ocurrió, fue lanzarle un poco de flis para ganar tiempo y cerrar los ventanales. Más de media hora se pasó, la muy maldita, amenazándome desde el otro lado del cristal con atravesarlo, jurándomela, besándose las patas y nombrando a su yaya. Si hubiera tenido pulso, hubiera juntado mechero y flis y habría quedado una BBQ resultona para dos. Volvió ayer y ha aparecido, también, esta tarde. Voy a empezar a ahorrar para cuando llegue la factura de la luz, que este aire acondicionado chupa mucho.



Ojeras, tengui. Miedo mal contenido, tengui. Para justificar el Triángulo de las Bermudas en el que estoy desapareciendo como ser cabal, debo hablar de la cateta de mi vecina de edificio. Una señora que tiene un pisazo que da a la misma plaza -preciosa, soleada, ventilada- que el mío y que tiene las persianas bajadas desde, como mínimo, hace casi seis años; una mujer que soporta cada sábado -como yo- las despedidas de solter@ que se celebran en nuestra plaza, las manifestaciones puntuales que van a Arco del Triunfo o salen de él, las que van al Ministerio de Defensa de la esquina, las de El Periódico, las de la PAH, los maratones, medio maratones y maratones dobles con salto y triple tirabuzón... pero que, por lo visto, no puede con mi criterio musical. Espera, espera... es que lo estoy pensando y siempre que se pone a aporrear nuestra pared -llámalo pared, llámalo medio folio doblado- estoy yo sola. O sea, que hemos pasado muchas noches aquí escuchando el álbum "Viejuno" y no ha habido problema... Efectivamente, niños, ya lo he pillado. El problema soy yo, vaya, mi voz, vamos, que canto como el culo y la tipa golpea la pared porque no me reconoce por la calle, que si pudiera me dejaría como La Mujer Elefante pero sin dientes ni capacidad oratoria.

Abuso bastante del vibratto, le doy la razón, pero nunca la he visto potar cuando canta el tipo de las despedidas con los amigos de los novios, ni llamar a la urbana con las manifas ni la he escuchado pegarse cabezazos contra la pared cuando pasan los atletas a ritmo de una música tecno que vibran los cristales de todas las casas en 2km a la redonda. Atentos, amigos, ¿tendré una voz prodigiosa?


Nada más que decir, Sr. Juez. He disfrutado mucho de los últimos 20 minutos legales que me quedaban hasta las 22h. Estoy medio afónica, sí, será por La Avispa o porque me he marcado un par de solos que hasta los 300 de la plaza han tirado fuegos artificiales en mi honor.

Alé, a cascarla. Mañana es "vacaciones"!!!

sábado, 7 de junio de 2014

La Tita Maica



A mí me han llamado muchas cosas en la vida, algunas desde el amor enorme que todo lo perdona y otras desde un punto impreciso que acaba siendo opuesto a lo inicial. Cuando empecé a ser profe, por ejemplo, me di cuenta de que la mayoría de mis estudiantes volvían a sus países pensando que habían conocido a una tal Mica. Ahora me da la impresión de que tiran más del "Señora" y me duele en el alma pero no se lo tengo mucho en cuenta porque no saben lo que se dicen, pobrecicos. De más peque, en el cole, pasé por una fase cabrona en la que mi sobrenombre era "Terminator" porque llevaba aparatos en los dientes y molaba mucho reírse de alguien en la edad del pavo que no era capaz de pronunciar dignamente (sin escupir ni babear) en castellano o catalán las frases más básicas. Hijosdepú... :-)


He oído de todo, en serio, y tengo dos conclusiones:

1. Los españoles somos creativos. Generalmente, disfrutamos y hacemos uso de la riqueza de nuestro lenguaje. Tenemos una inclinación curiosa al vocativo guasón, al apelativo cariñoso. Mis amigos, en los últimos años, me han llamado millones de cosas: Maiks, Chocho, Maicusquis, Petarda, Maiqui, Kuskus, Amparo, Kuskis, Ricines, Mika, Mai-Tchu, Hermana, Marida, Flor (roja que atardece en otoño en Korea), Pelocha, Flor (que baila dulcemente en China), Teniente, Antonia, Rizos... y podría seguir tecleando las variaciones de "mi nombre" que recuerdo ad aeternum. Interesante que todos esos apodos corresponden cada uno a una persona en origen pero han ido pasando de boca en boca hasta formar un grupo de amigos de verdad con derecho a llamarme lo que quieran.

2. "Tita" es la voz que más feliz me hace. No hace tanto aún andabas tirando de ojos, rabietas, carcajadas y postureos  varios para llamar mi atención. El "Tita" inicial ha evolucionado mágicamente hasta algo bastante próximo al "Tita Maica" cuando te refieres a mí y yo no estoy presente pero -ah, amigo- recoges la primera palabra y la pones en mayúsculas cuando andamos cerca...¡TITA! Estirando más o menos la mano, la i o la a... según el rollo del momento, añadiendo drama a tu tono o pucheritos o sonrisas ladinas...


En unos minutos celebraremos tu 2º cumpleaños, Niño- Búho. ¡Qué gore! ¡Dos añazos yaaaa! Te estoy hablando/babeando ahora como si lo fueras a leer mañana mismo (y te hablaran Los Payasos de la Tele de épocas anteriores a mi infancia) y no con los huevos ya negros... Joé, qué difícil es esto de escribir haciendo viajes temporales, ¡copón! Puto jet lag, Cachalote.


Pequeño, no importa qué ha pasado, cuántas cosas malas hayas hecho, lo fatal que has respondido, cuántas toneladas pesa tu miedo, lo terrible que soñaste, lo maleducado que fuiste, lo mucho que tú crees que has podido defraudarme... Estoy hablando ahora, cara a cara, con el tipo que se llama Ian y se afeita día sí día no, poniendo carotas en el espejo. Le estoy diciendo a ese hombre imaginario que no imagino ninguna situación, ningún escenario, nada, NADA, que no esté ya  más que asumido, más que perdonado.


Enano, lo único que tienes que sacar de todas estas letras juntas es que te quiero.

Tita 24/7.
Ya sabes.
Lo que viene siendo para siempre.


Será así. Apostamos.





jueves, 29 de mayo de 2014

Aviones plateados / Tormenta wins




Hace muchos años, cuando algún amigo venía a visitarme a El Prat, contaba -reloj en mano- el tiempo que pasaba hasta que el colega soltaba algún comentario sobre el ruido de los aviones o el famoso pestuzo de mi pueblo. En aquel entonces estaba convencida de que los potablava teníamos como características comunes la sordera y la anosmia.

Recuerdo perfectamente a mi abuela Ana preparándome el desayuno con unas ojeras terribles después de otra noche más en vela, a mis colegas tapándose las napias y cerrando las ventanillas del 65 conforme pasábamos el río Llobregat, al yayo saliendo de la cabezadita de después de comer maldiciendo puño en alto la estela de un avión... y mi cara de horror bajando del bus en la Plaza España por el ruido ensordecedor del tráfico y por el olor insoportablemente denso y cargado de motos, bípedos y cámaras poseídas por turistas bañados en protector solar.

Al principio de vivir en Barcelona capital me daba muy mal rollo tanto silencio por la noche. Vivía en una calle con poquísimo tráfico, algunos grillitos novatos y muchos árboles llenos de pardales madrugadores... tuve que mudarme, no me quedó otra opción, y acabé en Plaza Cataluña, un lugar bastante transitado, donde podía dormisquear gracias al ruido casi constante de mis compañeros de piso, de los chicos de las asambleas, del gentío de las aficiones futboleras y de los autobuses que salían de y llegaban a la parada justo frente a mi portal en procesión constante. Aún así, era como comparar plátanos con kiwis... frutas, sí, pero... nah, diferentes.

No añoro las turbinas pero un poco sí el olor del barrio. Hoy me he dado cuenta de que el jengibre gana al ajo por goleada en esta zona, quizá porque el perejil se regala bajo mano, como de contrabando, en los mercados. La Plaza Tetuán tiene tráfico, árboles poblados de loros apalomados y plantas abonadas suficientes como para que se mitigue la morriña pratense ocasional.

Anoche, con un tormentón del quince, electricidad pura, trueno tras trueno, rocé el estado catatónico al que me llevaban los rebufos de mi padre años atrás. He dormido casi tan bien como mi Niño-Búho -como imagino que lo hace él cuando no trata de fugarse de su habitación- y me he levantado lozana, activa y descansada como si tuviera diez años menos. Lo que no he encontrado en esta década son unos ronquidos tan buenos como los de mi padre. Mmmmm...mmmm... unos ronquidos potentes, eso sí que lo echo de menos.







martes, 13 de mayo de 2014

Tribulaciones de un martes solitario




Un solitario cualquiera llega a casa por la tarde y es abrir la cerradura y escuchar cánticos celestiales. El solitario tipo se desnuda mientras pone música y algo en el horno, deja correr lo justo el grifo hasta que hace efecto niebla en el espejito, se frota el tronco y la cabeza, sale más ligero, se escurre en crema hidratante, tira paseando su desnudez hasta la bata que acoge su cuerpo y le da los primeros mimos. La casa entonces ya huele rica rica. Cena uno acompañado por una serie, una peli (muy buena o muy mala, depende de muchos factores), un cd... y llega la medianoche, la hora de quitarse prendas y preparar una infusión. Se mete el solitario estándar entre sábanas de franela porque hace rasca, está solo y es un gustazo. Tiene el pelo todavía mojado. Pone en vertical la almohada que le sobra. Acerca el PC para leer los subtítulos o enciende la luz de la mesita y coge un libro gordo por si las moscas. Se hace un cuatro. Da un par de cabezadas. Baja el volumen del ordenador o cierra el libro. Se enrosca hacia la izquierda. Mete la nariz en un cojín. Se duerme.

Unas horas más tarde se desvela. Mira por el ventanal. Enciende el PC. Reestructura la cama, los cojines, las almohadas y su posición. Tratando de equilibrar temperatura corporal y mental, acaba por enseñar tobillo y parte de pantorrilla. Mira el reloj de la mesilla de noche. Cuenta mentalmente los segundos de sueño que le quedan. Comprueba el móvil. Cierra los ojos fuerte fuerte. Se acomoda entre las sábanas de franela. Encuentra el punto. Se acurruca. Se queda dormido.


El solitario del que habla este post se levanta unas ocho horas después... cansado o muy cansado. De currar como una mula, de que no le salgan las cuentas, de despertarse sin una espalda calentita al lado...

El mismo solitario repite el ritual vespertino y está feliz de no levantarse reventado, de no enloquecer con las temperaturas de dos cuerpos bajo sábanas de franela, de no discutir por la cena, la limpieza, la tele o cualquier otra chuminada. Bienvenido el solitario que disfruta su soledad.

Bienvenidas las soledades elegidas.







lunes, 28 de abril de 2014

IAN y tu padre



La primera vez que coincidí con tu padre lo miré fatal. Aquel día, hace muuuuchos años, yo sólo vi a un chico delgaducho, con greñas, vestido de negro, pálido y muy reservado esperando a mi hermana pequeña en la esquina más oscura de la calle de tus yayos. No es que me cayera mal ni que hubiera hecho el pobre algo terrible ni nada... no, no... lo que pasa es que yo no podía creerme que alguien quisiera a tu madre tanto como para mirarla así, como a ti en la foto, en tan poco tiempo, con el genio que gasta mi hermana, sin temer lo peor, sin ponerlo en cuarentena. Durante muchos meses lo observé de lejos, analicé sus palabras y sus gestos cual CSI, examiné a mi hermana -tu madre- a la espera del error garrafal, del fallo, de la cagada. Y nada.

Mira que son años, Niño-Búho, y no puedo teclear ni media mala cosa suya. Tu padre es una persona -y eso ya es mucho decir en la mayoría de los casos- y además, es bueno. Pero bueno de verdad, no de boquilla. Bueno de esos que a veces quieres darle un collejón que le contagie de la mala follá irracional suficiente para que corte cabezas y acabe con las injusticias de nuestro mundo más próximo. Bueno de esos de "No puede ser, ¿en serio? Soy yo y arde Troya ahora mismo" Mira que entendería a veces que reventara y la liara pardísima con toda la razón del mundo mundial... pero no, él se pone en modo reflexión, le da cuatro vueltas más al asunto, se lo casca a tu madre, le dan cuatrocientas vueltas más juntos... y acaba levantando la bandera blanca. Aquí paz y después gloria.

28/04/2014 y a tu padre le salen los colmillos porque le has cerrado la puerta de tu habitación a tu madre -cabrón- para estar sólo con él. Supongo que para cuando estés leyendo esto ya habrás hecho cábalas sobre tus progenitores y, me imagino, habrás llegado a la conclusión de que los dos por separado son la polla y de que juntos son imparables.

Tu padre, nene, es un puto cacho de pan. A tu padre, Ian, yo lo quiero casi tanto como a mi hermana y el casi va más por una cuestión de años soportándonos la una a la otra que por la sangre, los apellidos o cualquier otra mandanga. Mi cuñado, tu padre, es de las poquitas personas en las que yo confío totalmente porque me ha demostrado mil veces que está y que sabe estar, que dice lo que piensa y hace lo que dice siempre mirando por todos, siempre correcto en las formas y en el fondo.

Hablo por todos cuando digo que nos gustaría que no tuvieras que pasar por lo mismo que hemos pasado nosotros, que tu camino fuera más fácil -más directo, en realidad-. Hablo por mí misma cuando te digo que si llegaras a ser tan buena persona como son tus padres, daría por bueno cualquier camino y me ofrecería yo en persona como responsable de ponerte los pedruscos oportunos.

A mi cuñado, a tu padre, me parece que le iría bien ahora mismo un buen abrazo. Hoy me encargo yo por los dos pero quiero que me prometas que cuando leas esto lo harás tú. No te ralles, no busques excusas,  no importa si es domingo o martes por la noche, tampoco vale el ya lo leí ni el ya lo hice....  Tira para el comedor, quítale el pc, el tenedor o el mando de la tele sin más y dale un abrazo, que se lo ha ganado, cojones.

Vale, ahora ya roto el hielo que adivino porque es propio de tus años, repite la operación varias veces y disfrútalo. Al principio cuesta un poco... pero todo es ponerse. ¡Abrazos, familia!






martes, 8 de abril de 2014

IAN y los variables



Mírarlos, míralos... se mueven según el sol que más calienta buscando su aprobación. Se ponen altivos, en plan chulazo, se abren bien de pétalos para pillar toda la luz posible y maricona el que mida diez centímetros menos, que le peten al que quede por debajo, que me miren todos, olé olé yo, que lo molo todo y más...

Ellos parece que no lo recuerdan pero salieron de una semilla en la tierra y necesitaron agua como tú y como todos. No gastes saliva, niño, que no vale la pena. El rollito guay se les jode en cuanto atardece, bajan la cabeza cansados y se encuentran una fiesta a la que no han sido invitados y que oirán de lejos por sobrados.

A todas esas flores que presumen tanto les llegará primero la noche y luego el invierno. Después, ya abono, nadie tendrá ganas de discutir y se nos habrán bajado a todos los humos.

¿Lo hueles? Es el pestazo a poder mal usado. Tápate la nariz y tira, cielo, que ya llegará el frío.