viernes, 22 de febrero de 2013
IAN y The Reaper
Hasta hace unos años no había sentido de cerca y de continuo el trabajo de The Reaper. Antes la había notado tres veces espaciadas en el tiempo y con muy diversas consecuencias.
Que yo recuerde, la primera fue tu bisabuela Ana. No me gustó nunca demasiado. Era tan pequeña en realidad, que no le di más importancia a su ausencia. Su partida significó, al principio, mucho teléfono con tu bisabuelo Diego que sí la añoraba y, después, más tiempo con él para tu madre y para mí. Egoístas como pequeñas cabronas que éramos... estábamos hasta un poco felices. El yayo Diego tooooodo para nosotras.
Después, un porrón de años más tarde que a mí me supieron a poco, tu bisabuelo Diego se piró (y no fue a por tabaco). Esta es una historia que seguro que no has oído y que yo no te explicaré. Tiene que ser tu madre. El yayo Diego llevaba años diciendo que se quería pirar, que sentía que sobraba, que no tenía ALICIENTE (ésa es la palabra que usaba) por seguir aquí... Yo rascaba y rascaba y le volvía la cabeza un poco loca hasta que le sacaba que sí tenía algunas curiosidades y un par de sueños enormes todavía que cumplir (o contra los que luchar)... pero que no le apetecían. Se fue, y pasó lo que pasa cuando se va alguien a quien tú quieres mucho, y de verdad, y bien... después de enfadarme como una mamma siciliana, después de lloriquear a lo bestia, después de consolar y ser consolada unos días, después de refocilarme en la miseria y el patetismo -después de todo-, volví al trabajo y continué mi vida. Era casi casi igual que antes, nada había cambiado sustancialmente, pero me parecía indignante y, sobre todo, intrigante. De esa situación nació la mirada de los mil metros propiamente. Y ahí sigue. Él se fue y me dejó este "regalito" que a veces me parece una putada y otras una bendición... y es que estar alerta, entender lo que te han contado otros ojos, te hace más objetivo pero no necesariamente más feliz, ni más listo.
La tercera fue el Tronco, hace un par de años o así. Era el hermano tonto que nunca tuvimos por sangre, el ojito derecho de tu abuela Joaquina, el rabo de vuelta y media moviéndose cuando nos intuía aparecer los últimos tiempos porque, por entonces, ya ni veía ni oía, sólo le quedaba algo de olfato y, eso sí que sí, el corazón gigantesco de persona que guardaba en su cuerpo de perro salchicha. El Tronco me dejó el vacío del sonido de sus pezuñas al caminar a mi encuentro cuando entraba en casa de tu abuela, de sus lametones descontrolados de puro subidón y... , también, la sensación de que habíamos hecho lo correcto, lo que a mí me gustaría que hicieran conmigo en su situación.
Desde hace un par de años, como te contaba, la Parca tiene entrada VIP en esta zona y suele dejar un "presente" al irse, por más que nos neguemos. Anoche anduvo entretenida y me he encontrado con dos "mensajes". Intentaba contárselo a tus abuelos esta noche, hace un ratillo, por teléfono.
- ¿Qué tal estás? - me ha dicho tu abuelo.
- Bueno, ahí ando... Esta madrugada se ha muerto X, un muy buen amigo de Y... voy a ver cómo está Y...
- Muy bien -me han soltado tu abuelo y tu abuela con una diferencia de dos minutos- Pues nada, aquí está lloviendo... ¿El domingo vienes entonces?
Y así. Sin más. Se acabó el tema.
La mayoría de las personas no son capaces de hablar directamente de según qué cosas. Cada cual tiene sus miedos y sus monstruos y hay que respetarlos. Eso de que el respeto está ante todo y que todo es respetable es mentira. Esa frase la dice la gente que tiene en su TOP3MIERDOSO oraciones del estilo "Esa es mi opinión y, como cada cual tiene la suya, tienes que aceptarla" -como si sólo por eso ya fuera válida, sin justificarse, porque ellos molan y basta- o "No te lo tomes a mal, es que tengo un día/semana/año chungo... pero ya está, no pasa nada" -sin que nadie les haya provocado, sin que tener un X malo se pueda admitir como excusa para nada, sin que nadie les perdone, perdonándose ellos mismos-. Que conste que yo también he tirado de esas frases -o similares- cuando me ha convenido, están ahí para todos, pero no se transforman en verdaderas por el simple hecho de que otro se las crea (o lo parezca). Por ejemplo, si te digo que tengo 30 años y tú te lo crees, sigue siendo mentira, por más que me veas lozana y por más que pongas tú la mano sobre el fuego. Obviamente tampoco importa una mierda lo que tú quieras creer, lo que te encantaría que tuviera X años menos para acompañarte de farra, para hablarte de tú a tú con el léxico callejero de tu generación. No va de ti.
El miedo, el monstruo, es como un perro cabreado y rabioso que te enseña los dientes debajo de la cama que es su territorio. Se lo has cedido tú, acéptalo. Algo tienes tú que ver con que ese bicho esté cabreado, acéptalo también. No digo que merezcas que te muerda, en absoluto. Tampoco me parece bien que lo azuces contra nadie para sacártelo de encima, que otros sufran lo que tú no sabes manejar, de rebote, que les venga de la nada. "¿De dónde cojones sale este chucho?". No, no es bonito.
Ian, sobri, la muerte existe y la gente palma. Punto. Es muy jodido porque no se entiende, porque, joder, ya tenemos suficiente con lo que tenemos, que no me viene bien ahora que palme nadie... ¿Te das cuenta? Es estúpido. Funciona en el presente, en el pasado y en el futuro. La muerte va contigo lo justito como para enseñarte cosas que no dependen de ti que sucedan. Pasa y te quedas con cara de tonto un ratuco o un ratazo. Bueno, sigue siendo una putada porque no mola nada caminar cojeando sin que nadie te haya avisado que de te ibas a levantar sin pies o sin manos o sin ojos o sin lunares o sin lo que sea, sin que tú hayas aceptado el tema... Es una putada sí o sí. Es un pelín menos putada si lo ves desde fuera, también es verdad.
Pequeño Ian... El 2013 ha empezado y va ganando la Parca. La culpa es de los árbitros, que son unos hijos de puta y lo permiten todo. Lo de anoche era penalti como poco... y el muy cabrón se comió varias rojas directas. Ya veremos en el partido de vuelta, y en la próxima Liga y en____________________________ Esto no se acaba aquí, que te quede claro.
martes, 19 de febrero de 2013
EL PASADO
Mi casa hace unos años. Desde el punto X en el que se tomó esta foto, la imagen es radicalmente distinta. Era otra situación, eran otras necesidades, era otro todo... muy diferente.
Si mañana llegara a mi casa y me encontrara la habitación en esta disposición, primero me sorprendería, luego buscaría explicación al fenómeno y, al final, me cabrearía por lo que consideraría, objetivamente, una invasión a mi intimidad. Son cuatro muebles cambiados de sitio -sí, es verdad- pero son míos y están donde y como yo quiero. O deberían. No atendería a razones porque ninguna serviría.
No se puede cambiar la decoración de una habitación que no es tuya, ni, por ejemplo, interferir en el curro de otro o meterse en un círculo de amigos ajeno... sin que se note. Y menos, sin que alguien se sienta al descubierto, sin que afecte y sin calibrar las consecuencias.
Lo menos que puede pasar en una situación similar es que el invadido teclee en modo medio rabioso, enseñando los dientes como cualquier animalillo que se ve amenazado. El animalillo vive como vive, en su caos controlado, con sus cosas buenísimas, con sus mierdas varias, a su rollo.
Lo más que puede pasar viene a ser un terremoto de 9 en la escala Richter con epicentro en tu oreja. Eso o implosionar.
Vamos a ver cómo termina la noche. Yo soy un poco Ave Fénix y me repongo siempre, tarde o temprano.... pero preferiría no tener que hacerlo. Estoy hasta el mismo de que se me tenga en tan poca consideración. No se vale.
miércoles, 13 de febrero de 2013
IAN y los NUMERITOS
Por razones que no vienen al caso y que serían sumamente tediosas de explicar, me he sentado frente al ordenador pensando en que hay quien me considera un número y, todavía peor, no tiene ni un mísero apodo cutre para mí.
El apodo en este país es casi necesario. Dime cómo te apodan y te diré quién eres. Si me dices que no tienes apodo, no eres nadie, no existes. Ni que sea un vocativo resultón, una palabreja manida pero molona, un chascarrillo fácil a costa de tu apellido... un algo.... "La planta, la clase y el orgullo no hay que perderlos por más pobre que seas" Pues eso, yo soy pobre pero tengo apodos. En plural. Sí, estoy fardando un pelín.
Amigos y enemigos, si lo son de verdad, en serio, tienen en común que los dos tienen apodos. Desde el cabreo y desde el cariño, todos los caminos llevan al Apodo. Tú, Ian, ya tienes unos cuantos y eso que eres minúsculo en tamaño: pequeña cara de Bélmez, Cachalote I, etc.
Las amistades más cercanas han visto cómo sus sobrenombres han evolucionado, incluso hemos llegado a alternar varios apodos en una misma época para la misma persona. Helena fue Gazmoña y Helen (leída la H como J)... en algún momento fue "Rubia" y ahora la invocamos con "Helenuskis" o con "Poeta". Elisa tuvo un periodo de "Pelocha" y ahora ya es y será "Nena", por lo menos para mí y solo para ella. Paula fue primero "La cantabraca" y luego "La moños". Ana Meneses fue "Anita" (brevemente), Ana Eme y Ana Mentol a la vez. Joan fue "Juanito" y ahora es "Doctor". Ricardo... bueno, a Ricardo no le hacen falta los apodos.
¿Cómo te llama tu jefe?
¿Ves?
¿Necesitas alguna confirmación extra?
Las empresas, los empresarios, normalmente, generalmente, casi siempre, desconocen los apodos. ¿Por qué? Bueno, porque no es su función ni su objetivo.
$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$.
Clink, clink.
Ian, a día de hoy se discuten muuuchas cosas interesantes que me afectan -o me afectarían- directamente peeeeero resulta que tu opinión, tu parecer y tu valía van en función del número que calzas, de los fans que tienes, de las votaciones que recibes y bla bla bla....
En este momento tenemos a un excelentísimo que se sacó de la manga una empresa del rollo ONG que -oh, sorpresa- acaba siendo gubernamental y teniendo un ánimo de lucro bastante evidente.... encima el tío firma con guasa como el Príncipe Em PALMA do... Y se queda tan aaaancho.
También tenemos en las portadas a Ada Colau, "la de la ILP", "la de la PAH", "la líder del 15M" que es una chica que ha llamado "CRIMINAL" a uno de los responsables de la situación chunguísima de mogollón de familias que están amenazadas por el desahucio próximo. Tiene mofletes y cara de buena gente. Habla clarito y no se anda por las ramas aunque no le den tiempo. Igual por eso.
Total, que apodos tenemos en función de nuestro devenir y numeritos somos sí o sí. Vete poniéndole ceros al tema o multiplicándolos por lo mismo. No depende de ti. Es el rollo Anne Germain de las empresas que siguen las leyes y la economía española. El tema viene a ser que, si no quieres ser una operación matemática de nivel básico con resultado en negativo, tienes que elegir muy bien contra quién luchas y que ése/ésa/éso no sea un cero. O convertirte en X y despejarte.
viernes, 8 de febrero de 2013
GIMNASIA VISUAL
En la clase de yoga de este jueves nos hemos dedicado a la gimnasia visual.
Como siempre, termino la clase bostezando después de la relajación / meditación final pero llego a casa cargada de energías positivas que no me dejan dormir. Trasteo un ratazo, veo algunos vídeos, contesto a los mails y doy vueltas + vueltas + vueltas en la cama.
Me levanto y acepto sin resignación que dormiré poco. Voy al baño y me veo en el espejo. La verdad es que no me reconozco del todo. Me parece que estamos poco acostumbrados a mirarnos. Me han salido líneas nuevas en la piel, todavía tengo rojeces en la nariz por esta gripe gigantesca que me ha atrapado, me han salido granitos de maquillarme cada día y mis labios están resecos y enormes.
Focalizo. Pupila frente a pupila. Hacia adentro. Párpados abajo. Ver más acá, más adentro. Luces, fuegos artificiales, gusanos fluorescentes. Párpados arriba. Face to face. Ver más allá, desde fuera.
Creo que soy buena amiga, buena profesora, bastante buena como hermana, agradable como conocida, generosa como compañera, voluntariosa como estudiante. No tengo muy claro si soy buena hija por más que mi voluntad aspire a lo mejor. No soy, ni he sido, buena pareja emocional.
He asistido hoy a mi primer concierto con cuencos "yoguísticos". Ha sido interesante y revelador ver cómo el cuenco sonaba según la ocasión, la presencia y la energía de cada momento aunque el movimiento era el mismo de base, realizado por la misma persona, con la misma intención.
Pues eso. Se puede ser cuenco buenísimo para algunas cosas y cuenco que no reproduce ni un sonido alargado / sostenido para otras. El cuenco es y existe te guste o no. El efecto del cuenco en otros cuerpos no depende de él, depende de _____________ .
Si no sabes qué escribir en la línea... Te hace falta un poco de gimnasia visual. Busca por ahí, rasca un poquito... Lo que hay alrededor de tu ombligo es, por decirlo de manera suave, bastante importante. Échale un ojo y luego hablamos.
viernes, 1 de febrero de 2013
IAN y los besos
Cuando era chica odiaba que me dieran besos y, más aún, que me pellizcaran los mofletes antes o después del besuqueo. Lo temía y me avergonzaba a partes iguales.
En la edad del pavo, con 15 o 16, daba besos contados a mi familia y a mis amigos. A mi familia, casi obligada (la paga semanal es una fuerza poderosa). A mis amigos, en momentos muy señalados. Hasta los veintialgo racaneé besos a lo bestia. Si alguien no me caía muy bien, o no me caía nada bien, o si no tenía yo el día espléndido.. pues se quedaba con un saludo rancio de "Hola" y poco más. Sí, sí, tengo amigos que todavía me lo recuerdan.
Supongo que sería con mi primera pareja... Empecé a comprender la besuística, la teoría del ósculo, a darle valor a los besos y a ser consciente de mi evolución en la materia. A practicar también, claro. Mucho. Mucha, mucha práctica. He pasado de racanear, a dar dos besos de rigor, dos besos bien plantados cuando toca, un sólo beso cuando sé (o quiero pensar) que voy a ver a esa persona en breve, muchos besitos en una sola mejilla y, última modalidad, mogollón de besotes sonoros acompañados de abrazo en un grado de exaltación sentimental elevado.... y a ver qué viene ahora... Me veo, en breve, como una de las "Señoras que te dan 15 besos seguidos en la misma mejilla" o una de las "Señoras que cuando besan producen el efecto ventosa".
Contigo, pequeño Cachalote, he pasado por casi todas esas fases.... Es que, al principio, eras muy minúsculo y yo tengo la boca muy grande y pensaba que no te iban a caber los besos... y, conforme creces, pues eso, que cada vez te veo más apetecibles los mofletes y he ido perdiendo la vergüenza y el miedo. Yo tampoco entiendo por qué sentía vergüenza ni miedo. Ni idea. Probablemente porque, cuando das un beso, te descubres bastante... y yo eso lo llevo regulero. Sí, debe ser eso... Estoy pensando ahora mismo en mis estudiantes chinos y en sus avances en esta asignatura... qué bonicos los joíos.
Nene, usa los labios para algo más que hablar. Es bonito y sano. Da vidilla. Es gratis. Es legal. Es un dar y recibir facilísimo.
Lo de los abrazos lo dejo para otro post, que todavía ando procesando información.
jueves, 24 de enero de 2013
LA MUELA DEL JUICIO I
De éstas que se te junta una gripe de caballo y una muela del juicio con ganas de ver mundo... y acabas observando de cerca las novedades de tu centro médico amigo.
¿1285? Joder. Nota mental: pedir hora para el oftalmólogo, que necesito gafas. Toco el cristal con la nariz: 1 del 2 del 85. Ahí es nada. A la última en formación. Saco mi mejor cara de póker y leo uno por uno todos los papelitos amarillentos de las paredes. Excepto dos títulos, la amplia mayoría están fechados en los 80. Cámara en mano me lanzo a recoger pruebas visuales que expliquen mi nerviosismo. Una señora que parece la mala de "101 dálmatas", con bata en lugar de abrigo de pieles, me interrumpe y me conduce a otra sala. Allí, me hace meter la cabeza en una máquina y se larga, abandonándome a mi suerte. La maquinita da vueltas a mi cráneo, sospechosamente cerca de mi piel y hace un ruido infernal. Mal rollo de cojones.
Recojo la radiografía y resulta ser algo así como una fotocopia en blanco y negro donde no soy capaz de ver las raíces de ninguna de mis muelas pero sí las de esos dos dientes secretos que parecen de Lobezno. ¿Necesitaré gafas de verdad?
Vuelvo hoy a la consulta del odontólogo. Me llama por mi nombre y dice que se acuerda de mí. Le doy un minipunto. No lleva mascarilla y descubro que está potente aunque tiene un granito en la comisura de los labios. Lo dejamos en tablas. Saca la fotocopia y me confirma que no se ve una mierda. Me siento en el potro de torturas que, poco a poco, me da menos miedo. Me enchufa la bombilla de interrogatorio mientras trapichea entre mis dientes y noto que tiene buenas manos, grandes y cuidadas. Minipunto para él, deshacemos el empate a cero.
- Mira, si tú quieres yo intento sacártela pero, la verdad, es que no sé si podré porque está difícil en la cara interna.
- Lo que tú me digas... Confío en ti. -yo confieso y él se pone colorado.
- Las otras tres no te las puedo tocar porque hay que abrir. Normalmente, con cuatro ya formadas, se programan dos operaciones, una para la parte izquierda y otra para la derecha. Te la podrían sacar junto con la de abajo... y te ahorras una recuperación.
- Vale, pues entonces que me las saquen las dos a la vez y ya está...
- Vente que hacemos el papeleo de la derivación y confirmamos los datos... Y, no te lo tomes a mal, pero, cuando te llamen, tienes que exagerarlo un poquito...
- ¿Exagerarlo? Que me duele es en serio, y me afecta al oído...
- Sí, sí... te creo, de verdad...- está rápido en el corte- pero eres muy amable y tal y si vas así, simpática, haciéndolo todo fácil, sin quejarte... igual se piensan que no es urgente y no te toman en serio.
- Ah, pues gracias por... Bueno... Gracias... Seré maleducada...
- No, mujer, no hace falta... Tampoco creo que pudieras... -guiño-. Sólo quiero que te quejes un poco... ¿podrás?
- Podré, podré. Te lo prometo. -estoy a punto de levantar la mano en señal de juramento pero me despisto al notar que me flaquean las piernas un pelín-.
- A ver, ¿me das tu teléfono?
- Sí, claro, apunta.
Hace mucho calor. Le doy la dirección de mis padres y la mía de regalo. En el papel oficial escribe la de mis padres y lo justifica diciendo que la familia siempre está ahí y que yo soy muy joven como para estar segura de mantener mi domicilio actual. Otro minipunto para él, 2-0. Descubrimos que en realidad hace cuatro años desde mi última visita al odontólogo y que por unos días no fui su primera paciente en el centro. La enfermera nos mira sin disimulo. Mi doctor favorito del momento se mete en otra sala en busca de un sello de URGENTE que pegarle a mi derivación. Me llama por mi nombre para que lo acompañe y me coloca una silla para que me siente mientras me hace una copia con la que pueda justificar mi cabreo si tardan en llamarme del hospital. 3-0. Le pregunto si tiene alguna relación con el centro de radiografías al que me envió y acabamos descojonándonos de la risa viendo las fotos que saqué en mi excursión molar. 4-0. Estoy a esto de pedirle el mail y enviárselas. Me contengo.
Con el papelito que confirma lo mal que funciona el sistema sanitario de este país, me levanto y me despido.
- Muchas gracias. Una pena que no nos veamos más... En fin. Gracias. Ahora me da menos miedito volver a tratar con dentistas.
- De nada, X. De todas maneras, si tardan mucho en llamarte, pásate por aquí, sin pedir hora ni nada, y vemos qué pasa... O, si tienes cualquier otra cosa... Aquí estoy... Que igual, cuando te las quiten, te duele un poquito o algo y yo te puedo recetar lo que quieras... vaya, lo que necesites...
5-0. Se puede desear ir al médico. Sí. Así, sí. Claro. Desaparezco sin darle dos besos y olerlo aunque me quedo con las ganas. Bajo a la calle, saco el papel y veo que me ha dibujado un emoticono y que, horror extremo, le he dado mal parte de la dirección. Confirmo que soy gilipollas y que el temblor de piernas me ha afectado al habla. Decido echarle huevos y volver a subir a su consulta. Ignoro el cartelito que dice, así, en mayúsculas, muy grosero, NO TOCAR A LA PUERTA. Pico. La cara seria se le quita en un nanosegundo (ahora ya sí que sí, 6-0), confieso mi error y él le pide a su enfermera mi papel original. Tras unos segundos larguísimos de bochorno mío y sólo mío, mi doctor se da cuenta de que ha dejado mi papelajo en el scanner.
- Uy, perdona, qué tontería llevo... - anota un 7-0 -.
- Nada, tranquilo, la torpe soy yo... Perdona, eh... Siento haberte interrumpido...
- Nada, nada... le puede pasar a cualquiera... Ya está. Cambiado. Y lo de antes... que no seas tan agradable con los otros, ¿vale? - me coge de la cintura y me acompaña a la puerta-. Nos vemos...
Aishhh... ¿Podría ser un celoso de base? -2. ¿Me "perdonas" el error sólo porque te he puesto ojitos? mmmm.. -0 ¿Quién te ha dado permiso para tocarme las lorzas? -4. ¿Por qué eres galante conmigo si no me conoces de nada? +1.
Resumen: 2-0. Más allá de los puntitos que me ha sacado este hombre, debo señalar que es la primera vez en mucho tiempo que alguien pasa del empate a cero y que ha sido la confirmación de que me encuentro en una época Scruffy, o sea, de barbas y bambas al poder.
Bienvenidos, barbudos desgarbados desaliñados todos, al reino de la mirada de los mil metros.
El odontólogo me recibió con mascarilla así que no podría decir si sonreía o no. Parecía majo, eso sí, tenía una voz y un trato agradable. Me sentó en una de esas sillas chunguísimas repletas de trastos a las que sólo les falta un espejo retrovisor, cláxon y pedales.
- Uy, sí, la tienes ahí, ahí... mmmm... normal que te afecte al oído... El bultito ese que tienes al lado en el paladar no es nada bueno... está como podrida... infectada, vaya. Yo creo que te la puedo quitar... -dijo desde el interior de mi boca, con eco-.
- Uy, sí, la tienes ahí, ahí... mmmm... normal que te afecte al oído... El bultito ese que tienes al lado en el paladar no es nada bueno... está como podrida... infectada, vaya. Yo creo que te la puedo quitar... -dijo desde el interior de mi boca, con eco-.
- ¿Hoy? Es que no quiero perder horas del trabajo...
- Mira, pues hacemos una cosa. Te vas ahora a hacerte unas radiografías a un centro que está muy cerquita de aquí y sacamos las agendas para verlas en la próxima visita, ¿te parece? Si todo se ve bien, el próximo día te la quito, ¿vale?
- Perfecto, sí. Lo vemos la semana que viene...
Me hace unos papeles y flipa mucho mucho cuando le digo que hace como dos años que visité al anterior odontólogo y que, desde entonces, espero citación para quitarme las cuatro muelas del juicio. Se excusa y promete que hará lo imposible para acelerar la operación de las otras tres.
En el centro donde hacen las radiografías me hacen esperar una hora completa, con sus sesenta minutos, así que me entretengo mirando por la ventana, leyendo revistas... Las paredes de la sala de espera (enormes) están llenas de títulos y certificados de asistencia a cursos. Me aburro, así que me acerco al que tengo más a mano y veo esto:
¿1285? Joder. Nota mental: pedir hora para el oftalmólogo, que necesito gafas. Toco el cristal con la nariz: 1 del 2 del 85. Ahí es nada. A la última en formación. Saco mi mejor cara de póker y leo uno por uno todos los papelitos amarillentos de las paredes. Excepto dos títulos, la amplia mayoría están fechados en los 80. Cámara en mano me lanzo a recoger pruebas visuales que expliquen mi nerviosismo. Una señora que parece la mala de "101 dálmatas", con bata en lugar de abrigo de pieles, me interrumpe y me conduce a otra sala. Allí, me hace meter la cabeza en una máquina y se larga, abandonándome a mi suerte. La maquinita da vueltas a mi cráneo, sospechosamente cerca de mi piel y hace un ruido infernal. Mal rollo de cojones.
Recojo la radiografía y resulta ser algo así como una fotocopia en blanco y negro donde no soy capaz de ver las raíces de ninguna de mis muelas pero sí las de esos dos dientes secretos que parecen de Lobezno. ¿Necesitaré gafas de verdad?
Vuelvo hoy a la consulta del odontólogo. Me llama por mi nombre y dice que se acuerda de mí. Le doy un minipunto. No lleva mascarilla y descubro que está potente aunque tiene un granito en la comisura de los labios. Lo dejamos en tablas. Saca la fotocopia y me confirma que no se ve una mierda. Me siento en el potro de torturas que, poco a poco, me da menos miedo. Me enchufa la bombilla de interrogatorio mientras trapichea entre mis dientes y noto que tiene buenas manos, grandes y cuidadas. Minipunto para él, deshacemos el empate a cero.
- Mira, si tú quieres yo intento sacártela pero, la verdad, es que no sé si podré porque está difícil en la cara interna.
- Lo que tú me digas... Confío en ti. -yo confieso y él se pone colorado.
- Las otras tres no te las puedo tocar porque hay que abrir. Normalmente, con cuatro ya formadas, se programan dos operaciones, una para la parte izquierda y otra para la derecha. Te la podrían sacar junto con la de abajo... y te ahorras una recuperación.
- Vale, pues entonces que me las saquen las dos a la vez y ya está...
- Vente que hacemos el papeleo de la derivación y confirmamos los datos... Y, no te lo tomes a mal, pero, cuando te llamen, tienes que exagerarlo un poquito...
- ¿Exagerarlo? Que me duele es en serio, y me afecta al oído...
- Sí, sí... te creo, de verdad...- está rápido en el corte- pero eres muy amable y tal y si vas así, simpática, haciéndolo todo fácil, sin quejarte... igual se piensan que no es urgente y no te toman en serio.
- Ah, pues gracias por... Bueno... Gracias... Seré maleducada...
- No, mujer, no hace falta... Tampoco creo que pudieras... -guiño-. Sólo quiero que te quejes un poco... ¿podrás?
- Podré, podré. Te lo prometo. -estoy a punto de levantar la mano en señal de juramento pero me despisto al notar que me flaquean las piernas un pelín-.
- A ver, ¿me das tu teléfono?
- Sí, claro, apunta.
Hace mucho calor. Le doy la dirección de mis padres y la mía de regalo. En el papel oficial escribe la de mis padres y lo justifica diciendo que la familia siempre está ahí y que yo soy muy joven como para estar segura de mantener mi domicilio actual. Otro minipunto para él, 2-0. Descubrimos que en realidad hace cuatro años desde mi última visita al odontólogo y que por unos días no fui su primera paciente en el centro. La enfermera nos mira sin disimulo. Mi doctor favorito del momento se mete en otra sala en busca de un sello de URGENTE que pegarle a mi derivación. Me llama por mi nombre para que lo acompañe y me coloca una silla para que me siente mientras me hace una copia con la que pueda justificar mi cabreo si tardan en llamarme del hospital. 3-0. Le pregunto si tiene alguna relación con el centro de radiografías al que me envió y acabamos descojonándonos de la risa viendo las fotos que saqué en mi excursión molar. 4-0. Estoy a esto de pedirle el mail y enviárselas. Me contengo.
Con el papelito que confirma lo mal que funciona el sistema sanitario de este país, me levanto y me despido.
- Muchas gracias. Una pena que no nos veamos más... En fin. Gracias. Ahora me da menos miedito volver a tratar con dentistas.
- De nada, X. De todas maneras, si tardan mucho en llamarte, pásate por aquí, sin pedir hora ni nada, y vemos qué pasa... O, si tienes cualquier otra cosa... Aquí estoy... Que igual, cuando te las quiten, te duele un poquito o algo y yo te puedo recetar lo que quieras... vaya, lo que necesites...
5-0. Se puede desear ir al médico. Sí. Así, sí. Claro. Desaparezco sin darle dos besos y olerlo aunque me quedo con las ganas. Bajo a la calle, saco el papel y veo que me ha dibujado un emoticono y que, horror extremo, le he dado mal parte de la dirección. Confirmo que soy gilipollas y que el temblor de piernas me ha afectado al habla. Decido echarle huevos y volver a subir a su consulta. Ignoro el cartelito que dice, así, en mayúsculas, muy grosero, NO TOCAR A LA PUERTA. Pico. La cara seria se le quita en un nanosegundo (ahora ya sí que sí, 6-0), confieso mi error y él le pide a su enfermera mi papel original. Tras unos segundos larguísimos de bochorno mío y sólo mío, mi doctor se da cuenta de que ha dejado mi papelajo en el scanner.
- Uy, perdona, qué tontería llevo... - anota un 7-0 -.
- Nada, tranquilo, la torpe soy yo... Perdona, eh... Siento haberte interrumpido...
- Nada, nada... le puede pasar a cualquiera... Ya está. Cambiado. Y lo de antes... que no seas tan agradable con los otros, ¿vale? - me coge de la cintura y me acompaña a la puerta-. Nos vemos...
Aishhh... ¿Podría ser un celoso de base? -2. ¿Me "perdonas" el error sólo porque te he puesto ojitos? mmmm.. -0 ¿Quién te ha dado permiso para tocarme las lorzas? -4. ¿Por qué eres galante conmigo si no me conoces de nada? +1.
Resumen: 2-0. Más allá de los puntitos que me ha sacado este hombre, debo señalar que es la primera vez en mucho tiempo que alguien pasa del empate a cero y que ha sido la confirmación de que me encuentro en una época Scruffy, o sea, de barbas y bambas al poder.
Bienvenidos, barbudos desgarbados desaliñados todos, al reino de la mirada de los mil metros.
miércoles, 23 de enero de 2013
KARLSKRONA
No recuerdo exactamente cuándo, en qué mes, apareció el Sr. Joder por Babylon. Sí recuerdo, perfectamente, que entró un lunes en un grupo que llevaba una semana ya, todos básicos, y que llegó con Gao, un chico chino. Todavía hacía tiempo de playa y las toallas se secaban en las sillas durante la clase muchas tardes.
Hubo una conversación el martes, segundo día del Sr. Joder, durante la pausa con Marga: "A él ponlo con el chico chino, es un sueco muy paciente y muy rápido... se ayudarán mogollón" Y así fue. Marga siempre tiene razón.
El Sr. Joder hizo buenos amigos en cuatro días. Al poco tiempo apareció Julia, su hermana genética -Juanito dixit- y se juntó su grupo con el de Djamila poquito después. De los hermanos Saw tengo recuerdos hermosos porque son buenas personas que ayudan siempre a sus compañeros, que nunca pierden la educación ni las formas, que contagian ganas de aprender y buen humor al resto... Despiertos, listos, amables, simpáticos, empáticos, divertidos, humanos, respetuosos, inquietos, traviesos... Una profesora NO puede pedir más.
La semana que viene vuelve el Sr. Joder a mi paraíso soñado, su Suecia natal. Me lo han dicho esta tarde y estoy asimilándolo. Mierda. ¿Qué hacemos ahora? Joder. Hace semanas que no es mi estudiante aunque baja muchas veces a hacerme compañía.. Me parece que la escuela se va a quedar un poquito vacía. Yo lo echaré de menos... y no seré la única que se sienta un poco coja.
Me encanta mi trabajo, ya lo he dicho muchas veces, porque aprendo constantemente de mis estudiantes, por timing, por suerte, porque sí. La putada de mi curro es esta, que se van, que un día ya no están en su silla habitual (suelen tener una silla "suya") y entras en clase y te sorprende el vacío, y ya no está esa sonrisa cómplice, esa broma a medias (entre dos), ese cotilleo...
Como soy horrible en las despedidas y siempre digo algo inconveniente o hago algo patético y vergonzoso, aprovecho este momento PHM -PostHappyMiércoles- para agradecerle al Sr. Joder tantísimos buenos momentos. Tienes una casa en Barcelona... y mi sofá, si lo necesitas :-)
El próximo viernes desaparece el Sr. Joder... y después Djamila, Nico, Lidia, Xia, David, Chen, Leo, Tico, Boram, Min, etc.... Marga, Ana B. y yo nos quedamos en Barcelona, de momento, en el turno de tarde de la escuela... ¡No tardéis mucho en volver!
Sr. Joder: Seguro que he escrito mal el nombre de la ciudad y me he dejado los dos puntitos en la "o" o algo así... Perdón... Millones de gracias por facilitarme el trabajo y por hacerlo infinitamente más interesante y divertido.
viernes, 18 de enero de 2013
LA VIDA SIMPLE II
Mi Simple Life 2 suena a saga mala ya desde el principio, por el nombre, aunque recuerdo haber flipado bastante más con Terminator 2 que con la 1... En fin, que aquí llega la versión 2 de "La vida simple". Pasen ustedes, acomódense, rogamos que sus móviles permanezcan en silencio. Comienza la función.
Se abre el telón y aparece un sofá soleado. La cantidad exagerada de mantas nos induce a pensar que estamos en invierno. Ordenador portátil cerrado a un lado. Marcas de sábanas en la piel de quien se ha amodorrado en esas circunstancias, gustosamente.
Hay un par de zapatillas bajo el sofá, alguna barrita de incienso quemándose y una lavadora recién tendida en el balcón abierto. Me he vestido polar de pies a cabeza esta mañana. Sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y un moño despeluchado, me concentro en respirar. Suelto unos cuantos OMS hasta equilibrar el corazón, los pulmones y los pensamientos. Poco a poco. No hay prisa ninguna. Ojos cerrados, luz asalmonada en mis párpados cerrados. El aire entra frío por mi nariz y sale caliente... si abriera los ojos vería vaho saliendo de mis fosas nasales. Pienso que no estoy pensando en nada y sonrío. Mierda, ya la he cagado. Aparecen imágenes, personas, frases, ausencias, chungueríos varios.....
No consigo salir del bucle hasta que pillo a una nube en plena huida frente a mi balcón, escorándose a la izquierda, derramándose detrás de un pequeño rascacielos barcelonés. Se deshace en menos de dos minutos, rota por el viento de este mediodía. Aparecen cuatro más que pueden cubrir su puesto. Respiro la estela de los aviones que despegan y aterrizan de El Prat en la distancia. Los kilómetros, vistos desde mi balcón, parecen milímetros en un plano aéreo.
Me preparo un café americano, sin pizca de leche, con un terrón de azúcar, templadillo, y me lo tomo al sol, como una reina. No hay besos ni carantoñas ni arrumacos... no de ésa manera, no del rollo romántico. De los otros, de los que no esperan declaraciones de amor eterno, de los que se dan porque sí, tengo infinitamente más de los que podría haber imaginado sin que me resulten abrumadores.
En esta vida simple caben muchas mañanas y muchas caras. En esta vida simple también aparece mi familia. En esta simplísima realidad que imagino no hay casi mayúsculas pero tampoco hacen falta para dormir, descansar y despertar con energía. En La Vida Simple Segunda Edición hay un gato que me piropea, me saca los colores y me hace despollarme de la risa.
Viva el descojone general, nenes. Constato que, desde que soy feliz, he perdido algo de drama en mi conciencia social.
martes, 8 de enero de 2013
CIENFUEGOS Y ELOÍSA
He empezado a pensar en este post en la página 186 del libro. De esas veces que lees atragantándote, engullendo letras, conceptos y lemas. De esas veces en que alguien te cuenta algo que te suena mogollón, tanto tanto que eres capaz de verlo desde fuera, de abrirlo aunque sea sin llaves.
Luego -hasta la página 280, final de la novela- ha sido todo un poco loco, bastante carrusel, muy vertical la lectura, muy subjetiva, sorprendentemente intensa y aleccionadora. Como si un buen amigo te contara el cuento de "La piedra redonda", tu puta vida entera, a pequeñas cucharadas... y al final te quedaras con hambre. Patético pero esclarecedor.
En el libro se habla de Eloísa -la cornuda que deja de querer sin querer a Cienfuegos porque se lo ha ganado a pulso (Cienfuegos, digo)-, Juana Bayo -la siguiente víctima de El Podrido, conocido también como L.O.S. (Lo Opuesto de Santo)-, el Defensa, el Riesgo y el Zumos -tríada del bien, amigos de los niños, de espíritu infantil y apariencia circense-, el Remember, Curtis -el enano "Redentor"-, Eugenio Cuchillos -el mejor amigo/enemigo, dos en uno, nena, que estamos de oferta!- y otros tantos personajuchos dibujados a brochazos contundentes, responsables inconscientes de su impronta en vidas ajenas, secundarios que le meten collejas a Cienfuegos mientras caen él y toda su miseria al olvido de algunos pasados. Hay gente pa tó.
No me quedan uñas. No es un rollo de misterio. Está cantadísimo desde el minuto cero cómo NO acabará. Pero es sincero y por eso duele un poquito, porque te pilla como a traición aunque tú ya tengas más que superado todo todo todo lo anterior. Pobre de ti que no lo tengas. Se te comerá vivo. Te hará pedazos si no lo has leído creyéndotelo.
Y ahí ando, braceando hasta El Lugar Seguro (E.L.S.):
"Árbol-roca-montaña
Algunos días me detengo debajo de toldos, en el paseo de Sant Joan, y tan sólo miro la lluvia con las manos en los bolsillos. Sigue sin hacer nada de frío. Pienso en cosas que olvidé que me gustaban: los bares de carretera secundaria que uno ve al pasar por los pueblos, islas imperecederas de formica y baldosa en mitad del vértigo del progreso. La forma en que anhelaba, de muy joven, estar sentado para siempre en uno de aquellos bares, sólo leyendo y bebiendo y viendo los coches pasar, aún ignorante del Podrido, la crisis, el ansia y el vacío que llegarían. Calmado, feliz en mi refugio, mi fortaleza de la soledad. Siempre le hablaba a Eloísa de aquellos bares, se los señalaba desde el coche, como algo que me gustó tiempo atrás y pugnaba por recordar la razón.
Pienso en Lugares Seguros: la comida que me gustaba de niño, la cocina de mi abuela y los discos que amé, y me pongo de nuevo mi vieja camiseta de Vacuola y Los Citoplasmas, con su cuello deshilachado y su agujero en el sobaco izquierdo. Un día incluso estoy a punto de echarme a bailar con una canción, pero al final me entra el pánico de arruinarlo todo si lo hago, así que permanezco inmóvil, mirando girar un disco titulado Magic bullets como si fuese un diagrama hipnótico. Fui injusto con todos esos discos; ellos no tuvieron la culpa de mi fracaso. Les absuelvo. Después de todo, ¿de quién es culpa la decepción, eh?
Y pienso en otro Lugar Seguro: verano de 1988, a los diecisiete, yendo en bicicleta por un camping donde trabajé. En la avenida que seguía el camino de la playa, pedaleando sin manos, nueve de la mañana, todo el mundo durmiendo en sus caravanas y tiendas, el planeta entero aún en la cama, y el olor del mar de El Prat llenándome la cara por dentro, y la brisa del Mediterráneo en el tupé, música gloriosa sonando en el walk-man, explotando sobrenatural en el interior de mi cabeza, we´re living in violent times, oh I tell you. Todos los anhelos y esperanzas y la inocencia de aquellos días y el amor a la vida concentrados allí, sobre aquella bicicleta rápida, pensando que todo iba a ir bien, después de todo."
"Eres el mejor, Cienfuegos", Kiko Amat. Ed. Alfaguara.
Es nombrar mi tierra y perder la objetividad al segundo.
Es vislumbrar un Cienfuegos y reflejarme Eloísa.
La próxima vez le voy a llamar Milchispas.
¿Voy pidiendo hora para rehacerme el DNI? Quiero mi Adolfo y lo quiero ya.
domingo, 16 de diciembre de 2012
LA VIDA SIMPLE
Entre semana me levantaría tarde, rozando el mediodía. En la cocina habría preparada, y misteriosamente caliente, una cafetera con el contenido suficiente para llenar dos tazas en un intervalo de una hora. La primera me la tomaría de camino al baño, en lo que tarda en salir agua calentita. La segunda estaría esperándome en el dormitorio, en la mesa, al lado de un par de mandarinas de ésas que se pelan fácil y no tienen huesos.
Dejaría las toallas secándose en el tendedero y disfrutaría del sol en mi piel con los ojos cerrados y alguna canción de fondo, tarareando sin preocupación, con el pelo mojado y el olor de la fruta, el de la espuma y el de la crema de vainilla mezclados. Liam habría hecho la cama, ordenado los cojines del sofá y amontonado los libros y mis papelajos ya y aparecería quitándose las legañas y la pasta de dientes de la comisura de los labios, con una sonrisa medio torpe y los ojos todavía naciéndole debajo de un montón de pestañas.
Liam me da algunos achuchones, varios besos en los ojos y otros tantos en la boca todas las mañanas antes de que yo me vaya al trabajo. Porque sí. Y porque además huele bien. Podría seguir su rasto. Escribo "Yo me encargo de la cena." en una pequeña pizarra que tenemos en la puerta, debajo de la mirilla, y dibujo un smiley con pelos rizados y a lo loco para que sepa que es mío y no de alguno de los amigos que vinieron anoche a cenar a casa.
Me gusta montar cenas en casa siguiendo el horario europeo. A las ocho llegan los primeros, cargaditos de bolsas y recetas que nos apetece cocinar juntos. Nunca faltan los mejillones porque es ya casi una tradición en esta casa, especialmente si es sábado. Tenemos lavaplatos así que lo de fregar los restos del día anterior no me agobia. Meto en un tupper la ensalada de patatas alemana y las empañadillas chinas que sobraron de ayer. No sé cómo no explotamos todos.
Camino hasta el trabajo y hace un pelín de frío y sol. Estamos en mayo y me parece verano pero todos mis congéneres en este punto del mundo van bastante más abrigados de lo que me parecería adecuado. Paseo pensando en las clases que tendré y en mis estudiantes, maldiciendo un poquito (sólo un poquito) el libro que usamos, mirando escaparates y caras que se cruzan conmigo. Compruebo que si sonrío, los desconocidos y los maniquís me devuelven la sonrisa, medio sorprendidos. Me siento bien. Me siento fuerte. Paro en el bar de cada día. Lily me recibe sonriente y me prepara el café americano para llevar con dos hielos grandes mientras me pregunta qué significa algo que ha leído en el periódico esta mañana.
En la escuela en la que trabajo me reciben cantando. Literalmente. Mis alumnos, adultos, son majos y cariñosos, me abrazan, me cuentan mil historias, empatizamos, lo pasamos bien y aprendemos más allá de las gramáticas y las palabras. A veces traen comida que ellos mismos han cocinado, otras vídeos y fotos, otras anécdotas y risas. Salgo sudada pero contenta, como después de hacer el Deporte (que decía K. Amat)
Salgo del trabajo y voy a buscar a Ian, que se quedará conmigo esta noche porque mi hermana y mi cuñado tienen planeado un rollo romántico. Mi sobrino se abraza a mi pierna en cuanto me reconoce. Yo lo cojo en brazos y le beso los mofletes colorados poseída por el espíritu de la típica tía que te pellizca los carrillos en versión indolora. Se despide de su madre con lagrimones como puños pero se le pasa en cuanto le prometo que le leeré algún libro al llegar a casa. Vamos al parque cogidos de la mano, cantando lo que le enseñan en su colegio. "¿Tú no les enseñas canciones en tu cole?", me pregunta. "No, les enseño otras cosas." "¿A Liam tampoco?", insiste. "Él me enseña a mí", le digo. Y se parte de risa, porque le encanta Liam y porque le resulta gracioso imaginarme a mí de estudiante, a su tita, a la "Señu".
Preparamos algo de papeo después de acostar a Ian. El teléfono suena un par de veces: Ana M. tiene ganas de metafísica y nos pasamos un buen rato dándole a la sin hueso, descojonándonos. Dos perdidas de Helena. Mañana la llamo y recuperamos temas. Liam me explica qué tal su día con detalle, emocionado, porque es algo que le gusta y lo disfruta por más que sean horas y horas de trabajo. Me dice que vendrá a yoga la semana que viene, que le hace falta. Podría ser carpintero, abogado, cajero de súper, doctor, científico, camarero, estadista... No importa. Le mola. Se lo pasa bien. Eso sí que importa.
Nos metemos en la cama y ponemos bajito, por ejemplo, Lost, una serie que ya hemos visto varias veces y que sigue flipándonos, frikis como nos sabemos, jugando con los dedos, con la lengua, con los ojos. Liam se queda dormido y yo aprovecho para mirar los mensajitos del Facebook: Ricardo ha descubierto un par de cosas interesantes de visionado online y está muy bien a -15º. Sumin, Djamila, Jacob, Nico/Monique, Charlotte, Maila, Carla, Liane, Neda, Marianna, Carlos, David, Adel, Claudia, Matteo, Nathan, Kim, Paula, Simeng, Baolin, Juanito y algunos más han comentado las fotos que hice el finde pasado en la boletada.
Apago el ordenador y me acuerdo de cuando no lo hacía y me daban las tantas viendo bazofia. Enciendo la luz para coger un libro y Liam se despierta. Voy a comprobar que Ian está bien y vuelvo a la cama donde Liam se acurruca a mi lado dejándome el espacio suficiente para que pueda leer hasta quedarme dormida con una sonrisa. El libro no está nada mal pero tengo que levantarme más que activa mañana así que me concentro en los ronquidos de Liam. Hay gente que ronca bien. Eso es así. Meto la nariz en un omóplato, me hago un 4, escucho y me duermo. Así de simple.
Me despierta Ian tempranito pero es sábado y se lo perdono sin más. Desayunamos los tres, lo meto en la ducha, lo visto y me tumbo en la mecedora. Ahí están, jugando los dos, mirándome de lejos. Tengo en perspectiva un museo, paseos, juegos, historias y clases de "Cómo ser bonito" en diez pasos. Esto último, para mí. Tengo buenos profes.
De mi "Simple life" idílica a la real hay nada y menos. Ahí lo dejo. Estiro los dedos por encima de mi cabeza y ya lo estoy rozando. Alé. Nos vemos, colegas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







