viernes, 8 de febrero de 2013
GIMNASIA VISUAL
En la clase de yoga de este jueves nos hemos dedicado a la gimnasia visual.
Como siempre, termino la clase bostezando después de la relajación / meditación final pero llego a casa cargada de energías positivas que no me dejan dormir. Trasteo un ratazo, veo algunos vídeos, contesto a los mails y doy vueltas + vueltas + vueltas en la cama.
Me levanto y acepto sin resignación que dormiré poco. Voy al baño y me veo en el espejo. La verdad es que no me reconozco del todo. Me parece que estamos poco acostumbrados a mirarnos. Me han salido líneas nuevas en la piel, todavía tengo rojeces en la nariz por esta gripe gigantesca que me ha atrapado, me han salido granitos de maquillarme cada día y mis labios están resecos y enormes.
Focalizo. Pupila frente a pupila. Hacia adentro. Párpados abajo. Ver más acá, más adentro. Luces, fuegos artificiales, gusanos fluorescentes. Párpados arriba. Face to face. Ver más allá, desde fuera.
Creo que soy buena amiga, buena profesora, bastante buena como hermana, agradable como conocida, generosa como compañera, voluntariosa como estudiante. No tengo muy claro si soy buena hija por más que mi voluntad aspire a lo mejor. No soy, ni he sido, buena pareja emocional.
He asistido hoy a mi primer concierto con cuencos "yoguísticos". Ha sido interesante y revelador ver cómo el cuenco sonaba según la ocasión, la presencia y la energía de cada momento aunque el movimiento era el mismo de base, realizado por la misma persona, con la misma intención.
Pues eso. Se puede ser cuenco buenísimo para algunas cosas y cuenco que no reproduce ni un sonido alargado / sostenido para otras. El cuenco es y existe te guste o no. El efecto del cuenco en otros cuerpos no depende de él, depende de _____________ .
Si no sabes qué escribir en la línea... Te hace falta un poco de gimnasia visual. Busca por ahí, rasca un poquito... Lo que hay alrededor de tu ombligo es, por decirlo de manera suave, bastante importante. Échale un ojo y luego hablamos.
viernes, 1 de febrero de 2013
IAN y los besos
Cuando era chica odiaba que me dieran besos y, más aún, que me pellizcaran los mofletes antes o después del besuqueo. Lo temía y me avergonzaba a partes iguales.
En la edad del pavo, con 15 o 16, daba besos contados a mi familia y a mis amigos. A mi familia, casi obligada (la paga semanal es una fuerza poderosa). A mis amigos, en momentos muy señalados. Hasta los veintialgo racaneé besos a lo bestia. Si alguien no me caía muy bien, o no me caía nada bien, o si no tenía yo el día espléndido.. pues se quedaba con un saludo rancio de "Hola" y poco más. Sí, sí, tengo amigos que todavía me lo recuerdan.
Supongo que sería con mi primera pareja... Empecé a comprender la besuística, la teoría del ósculo, a darle valor a los besos y a ser consciente de mi evolución en la materia. A practicar también, claro. Mucho. Mucha, mucha práctica. He pasado de racanear, a dar dos besos de rigor, dos besos bien plantados cuando toca, un sólo beso cuando sé (o quiero pensar) que voy a ver a esa persona en breve, muchos besitos en una sola mejilla y, última modalidad, mogollón de besotes sonoros acompañados de abrazo en un grado de exaltación sentimental elevado.... y a ver qué viene ahora... Me veo, en breve, como una de las "Señoras que te dan 15 besos seguidos en la misma mejilla" o una de las "Señoras que cuando besan producen el efecto ventosa".
Contigo, pequeño Cachalote, he pasado por casi todas esas fases.... Es que, al principio, eras muy minúsculo y yo tengo la boca muy grande y pensaba que no te iban a caber los besos... y, conforme creces, pues eso, que cada vez te veo más apetecibles los mofletes y he ido perdiendo la vergüenza y el miedo. Yo tampoco entiendo por qué sentía vergüenza ni miedo. Ni idea. Probablemente porque, cuando das un beso, te descubres bastante... y yo eso lo llevo regulero. Sí, debe ser eso... Estoy pensando ahora mismo en mis estudiantes chinos y en sus avances en esta asignatura... qué bonicos los joíos.
Nene, usa los labios para algo más que hablar. Es bonito y sano. Da vidilla. Es gratis. Es legal. Es un dar y recibir facilísimo.
Lo de los abrazos lo dejo para otro post, que todavía ando procesando información.
jueves, 24 de enero de 2013
LA MUELA DEL JUICIO I
De éstas que se te junta una gripe de caballo y una muela del juicio con ganas de ver mundo... y acabas observando de cerca las novedades de tu centro médico amigo.
¿1285? Joder. Nota mental: pedir hora para el oftalmólogo, que necesito gafas. Toco el cristal con la nariz: 1 del 2 del 85. Ahí es nada. A la última en formación. Saco mi mejor cara de póker y leo uno por uno todos los papelitos amarillentos de las paredes. Excepto dos títulos, la amplia mayoría están fechados en los 80. Cámara en mano me lanzo a recoger pruebas visuales que expliquen mi nerviosismo. Una señora que parece la mala de "101 dálmatas", con bata en lugar de abrigo de pieles, me interrumpe y me conduce a otra sala. Allí, me hace meter la cabeza en una máquina y se larga, abandonándome a mi suerte. La maquinita da vueltas a mi cráneo, sospechosamente cerca de mi piel y hace un ruido infernal. Mal rollo de cojones.
Recojo la radiografía y resulta ser algo así como una fotocopia en blanco y negro donde no soy capaz de ver las raíces de ninguna de mis muelas pero sí las de esos dos dientes secretos que parecen de Lobezno. ¿Necesitaré gafas de verdad?
Vuelvo hoy a la consulta del odontólogo. Me llama por mi nombre y dice que se acuerda de mí. Le doy un minipunto. No lleva mascarilla y descubro que está potente aunque tiene un granito en la comisura de los labios. Lo dejamos en tablas. Saca la fotocopia y me confirma que no se ve una mierda. Me siento en el potro de torturas que, poco a poco, me da menos miedo. Me enchufa la bombilla de interrogatorio mientras trapichea entre mis dientes y noto que tiene buenas manos, grandes y cuidadas. Minipunto para él, deshacemos el empate a cero.
- Mira, si tú quieres yo intento sacártela pero, la verdad, es que no sé si podré porque está difícil en la cara interna.
- Lo que tú me digas... Confío en ti. -yo confieso y él se pone colorado.
- Las otras tres no te las puedo tocar porque hay que abrir. Normalmente, con cuatro ya formadas, se programan dos operaciones, una para la parte izquierda y otra para la derecha. Te la podrían sacar junto con la de abajo... y te ahorras una recuperación.
- Vale, pues entonces que me las saquen las dos a la vez y ya está...
- Vente que hacemos el papeleo de la derivación y confirmamos los datos... Y, no te lo tomes a mal, pero, cuando te llamen, tienes que exagerarlo un poquito...
- ¿Exagerarlo? Que me duele es en serio, y me afecta al oído...
- Sí, sí... te creo, de verdad...- está rápido en el corte- pero eres muy amable y tal y si vas así, simpática, haciéndolo todo fácil, sin quejarte... igual se piensan que no es urgente y no te toman en serio.
- Ah, pues gracias por... Bueno... Gracias... Seré maleducada...
- No, mujer, no hace falta... Tampoco creo que pudieras... -guiño-. Sólo quiero que te quejes un poco... ¿podrás?
- Podré, podré. Te lo prometo. -estoy a punto de levantar la mano en señal de juramento pero me despisto al notar que me flaquean las piernas un pelín-.
- A ver, ¿me das tu teléfono?
- Sí, claro, apunta.
Hace mucho calor. Le doy la dirección de mis padres y la mía de regalo. En el papel oficial escribe la de mis padres y lo justifica diciendo que la familia siempre está ahí y que yo soy muy joven como para estar segura de mantener mi domicilio actual. Otro minipunto para él, 2-0. Descubrimos que en realidad hace cuatro años desde mi última visita al odontólogo y que por unos días no fui su primera paciente en el centro. La enfermera nos mira sin disimulo. Mi doctor favorito del momento se mete en otra sala en busca de un sello de URGENTE que pegarle a mi derivación. Me llama por mi nombre para que lo acompañe y me coloca una silla para que me siente mientras me hace una copia con la que pueda justificar mi cabreo si tardan en llamarme del hospital. 3-0. Le pregunto si tiene alguna relación con el centro de radiografías al que me envió y acabamos descojonándonos de la risa viendo las fotos que saqué en mi excursión molar. 4-0. Estoy a esto de pedirle el mail y enviárselas. Me contengo.
Con el papelito que confirma lo mal que funciona el sistema sanitario de este país, me levanto y me despido.
- Muchas gracias. Una pena que no nos veamos más... En fin. Gracias. Ahora me da menos miedito volver a tratar con dentistas.
- De nada, X. De todas maneras, si tardan mucho en llamarte, pásate por aquí, sin pedir hora ni nada, y vemos qué pasa... O, si tienes cualquier otra cosa... Aquí estoy... Que igual, cuando te las quiten, te duele un poquito o algo y yo te puedo recetar lo que quieras... vaya, lo que necesites...
5-0. Se puede desear ir al médico. Sí. Así, sí. Claro. Desaparezco sin darle dos besos y olerlo aunque me quedo con las ganas. Bajo a la calle, saco el papel y veo que me ha dibujado un emoticono y que, horror extremo, le he dado mal parte de la dirección. Confirmo que soy gilipollas y que el temblor de piernas me ha afectado al habla. Decido echarle huevos y volver a subir a su consulta. Ignoro el cartelito que dice, así, en mayúsculas, muy grosero, NO TOCAR A LA PUERTA. Pico. La cara seria se le quita en un nanosegundo (ahora ya sí que sí, 6-0), confieso mi error y él le pide a su enfermera mi papel original. Tras unos segundos larguísimos de bochorno mío y sólo mío, mi doctor se da cuenta de que ha dejado mi papelajo en el scanner.
- Uy, perdona, qué tontería llevo... - anota un 7-0 -.
- Nada, tranquilo, la torpe soy yo... Perdona, eh... Siento haberte interrumpido...
- Nada, nada... le puede pasar a cualquiera... Ya está. Cambiado. Y lo de antes... que no seas tan agradable con los otros, ¿vale? - me coge de la cintura y me acompaña a la puerta-. Nos vemos...
Aishhh... ¿Podría ser un celoso de base? -2. ¿Me "perdonas" el error sólo porque te he puesto ojitos? mmmm.. -0 ¿Quién te ha dado permiso para tocarme las lorzas? -4. ¿Por qué eres galante conmigo si no me conoces de nada? +1.
Resumen: 2-0. Más allá de los puntitos que me ha sacado este hombre, debo señalar que es la primera vez en mucho tiempo que alguien pasa del empate a cero y que ha sido la confirmación de que me encuentro en una época Scruffy, o sea, de barbas y bambas al poder.
Bienvenidos, barbudos desgarbados desaliñados todos, al reino de la mirada de los mil metros.
El odontólogo me recibió con mascarilla así que no podría decir si sonreía o no. Parecía majo, eso sí, tenía una voz y un trato agradable. Me sentó en una de esas sillas chunguísimas repletas de trastos a las que sólo les falta un espejo retrovisor, cláxon y pedales.
- Uy, sí, la tienes ahí, ahí... mmmm... normal que te afecte al oído... El bultito ese que tienes al lado en el paladar no es nada bueno... está como podrida... infectada, vaya. Yo creo que te la puedo quitar... -dijo desde el interior de mi boca, con eco-.
- Uy, sí, la tienes ahí, ahí... mmmm... normal que te afecte al oído... El bultito ese que tienes al lado en el paladar no es nada bueno... está como podrida... infectada, vaya. Yo creo que te la puedo quitar... -dijo desde el interior de mi boca, con eco-.
- ¿Hoy? Es que no quiero perder horas del trabajo...
- Mira, pues hacemos una cosa. Te vas ahora a hacerte unas radiografías a un centro que está muy cerquita de aquí y sacamos las agendas para verlas en la próxima visita, ¿te parece? Si todo se ve bien, el próximo día te la quito, ¿vale?
- Perfecto, sí. Lo vemos la semana que viene...
Me hace unos papeles y flipa mucho mucho cuando le digo que hace como dos años que visité al anterior odontólogo y que, desde entonces, espero citación para quitarme las cuatro muelas del juicio. Se excusa y promete que hará lo imposible para acelerar la operación de las otras tres.
En el centro donde hacen las radiografías me hacen esperar una hora completa, con sus sesenta minutos, así que me entretengo mirando por la ventana, leyendo revistas... Las paredes de la sala de espera (enormes) están llenas de títulos y certificados de asistencia a cursos. Me aburro, así que me acerco al que tengo más a mano y veo esto:
¿1285? Joder. Nota mental: pedir hora para el oftalmólogo, que necesito gafas. Toco el cristal con la nariz: 1 del 2 del 85. Ahí es nada. A la última en formación. Saco mi mejor cara de póker y leo uno por uno todos los papelitos amarillentos de las paredes. Excepto dos títulos, la amplia mayoría están fechados en los 80. Cámara en mano me lanzo a recoger pruebas visuales que expliquen mi nerviosismo. Una señora que parece la mala de "101 dálmatas", con bata en lugar de abrigo de pieles, me interrumpe y me conduce a otra sala. Allí, me hace meter la cabeza en una máquina y se larga, abandonándome a mi suerte. La maquinita da vueltas a mi cráneo, sospechosamente cerca de mi piel y hace un ruido infernal. Mal rollo de cojones.
Recojo la radiografía y resulta ser algo así como una fotocopia en blanco y negro donde no soy capaz de ver las raíces de ninguna de mis muelas pero sí las de esos dos dientes secretos que parecen de Lobezno. ¿Necesitaré gafas de verdad?
Vuelvo hoy a la consulta del odontólogo. Me llama por mi nombre y dice que se acuerda de mí. Le doy un minipunto. No lleva mascarilla y descubro que está potente aunque tiene un granito en la comisura de los labios. Lo dejamos en tablas. Saca la fotocopia y me confirma que no se ve una mierda. Me siento en el potro de torturas que, poco a poco, me da menos miedo. Me enchufa la bombilla de interrogatorio mientras trapichea entre mis dientes y noto que tiene buenas manos, grandes y cuidadas. Minipunto para él, deshacemos el empate a cero.
- Mira, si tú quieres yo intento sacártela pero, la verdad, es que no sé si podré porque está difícil en la cara interna.
- Lo que tú me digas... Confío en ti. -yo confieso y él se pone colorado.
- Las otras tres no te las puedo tocar porque hay que abrir. Normalmente, con cuatro ya formadas, se programan dos operaciones, una para la parte izquierda y otra para la derecha. Te la podrían sacar junto con la de abajo... y te ahorras una recuperación.
- Vale, pues entonces que me las saquen las dos a la vez y ya está...
- Vente que hacemos el papeleo de la derivación y confirmamos los datos... Y, no te lo tomes a mal, pero, cuando te llamen, tienes que exagerarlo un poquito...
- ¿Exagerarlo? Que me duele es en serio, y me afecta al oído...
- Sí, sí... te creo, de verdad...- está rápido en el corte- pero eres muy amable y tal y si vas así, simpática, haciéndolo todo fácil, sin quejarte... igual se piensan que no es urgente y no te toman en serio.
- Ah, pues gracias por... Bueno... Gracias... Seré maleducada...
- No, mujer, no hace falta... Tampoco creo que pudieras... -guiño-. Sólo quiero que te quejes un poco... ¿podrás?
- Podré, podré. Te lo prometo. -estoy a punto de levantar la mano en señal de juramento pero me despisto al notar que me flaquean las piernas un pelín-.
- A ver, ¿me das tu teléfono?
- Sí, claro, apunta.
Hace mucho calor. Le doy la dirección de mis padres y la mía de regalo. En el papel oficial escribe la de mis padres y lo justifica diciendo que la familia siempre está ahí y que yo soy muy joven como para estar segura de mantener mi domicilio actual. Otro minipunto para él, 2-0. Descubrimos que en realidad hace cuatro años desde mi última visita al odontólogo y que por unos días no fui su primera paciente en el centro. La enfermera nos mira sin disimulo. Mi doctor favorito del momento se mete en otra sala en busca de un sello de URGENTE que pegarle a mi derivación. Me llama por mi nombre para que lo acompañe y me coloca una silla para que me siente mientras me hace una copia con la que pueda justificar mi cabreo si tardan en llamarme del hospital. 3-0. Le pregunto si tiene alguna relación con el centro de radiografías al que me envió y acabamos descojonándonos de la risa viendo las fotos que saqué en mi excursión molar. 4-0. Estoy a esto de pedirle el mail y enviárselas. Me contengo.
Con el papelito que confirma lo mal que funciona el sistema sanitario de este país, me levanto y me despido.
- Muchas gracias. Una pena que no nos veamos más... En fin. Gracias. Ahora me da menos miedito volver a tratar con dentistas.
- De nada, X. De todas maneras, si tardan mucho en llamarte, pásate por aquí, sin pedir hora ni nada, y vemos qué pasa... O, si tienes cualquier otra cosa... Aquí estoy... Que igual, cuando te las quiten, te duele un poquito o algo y yo te puedo recetar lo que quieras... vaya, lo que necesites...
5-0. Se puede desear ir al médico. Sí. Así, sí. Claro. Desaparezco sin darle dos besos y olerlo aunque me quedo con las ganas. Bajo a la calle, saco el papel y veo que me ha dibujado un emoticono y que, horror extremo, le he dado mal parte de la dirección. Confirmo que soy gilipollas y que el temblor de piernas me ha afectado al habla. Decido echarle huevos y volver a subir a su consulta. Ignoro el cartelito que dice, así, en mayúsculas, muy grosero, NO TOCAR A LA PUERTA. Pico. La cara seria se le quita en un nanosegundo (ahora ya sí que sí, 6-0), confieso mi error y él le pide a su enfermera mi papel original. Tras unos segundos larguísimos de bochorno mío y sólo mío, mi doctor se da cuenta de que ha dejado mi papelajo en el scanner.
- Uy, perdona, qué tontería llevo... - anota un 7-0 -.
- Nada, tranquilo, la torpe soy yo... Perdona, eh... Siento haberte interrumpido...
- Nada, nada... le puede pasar a cualquiera... Ya está. Cambiado. Y lo de antes... que no seas tan agradable con los otros, ¿vale? - me coge de la cintura y me acompaña a la puerta-. Nos vemos...
Aishhh... ¿Podría ser un celoso de base? -2. ¿Me "perdonas" el error sólo porque te he puesto ojitos? mmmm.. -0 ¿Quién te ha dado permiso para tocarme las lorzas? -4. ¿Por qué eres galante conmigo si no me conoces de nada? +1.
Resumen: 2-0. Más allá de los puntitos que me ha sacado este hombre, debo señalar que es la primera vez en mucho tiempo que alguien pasa del empate a cero y que ha sido la confirmación de que me encuentro en una época Scruffy, o sea, de barbas y bambas al poder.
Bienvenidos, barbudos desgarbados desaliñados todos, al reino de la mirada de los mil metros.
miércoles, 23 de enero de 2013
KARLSKRONA
No recuerdo exactamente cuándo, en qué mes, apareció el Sr. Joder por Babylon. Sí recuerdo, perfectamente, que entró un lunes en un grupo que llevaba una semana ya, todos básicos, y que llegó con Gao, un chico chino. Todavía hacía tiempo de playa y las toallas se secaban en las sillas durante la clase muchas tardes.
Hubo una conversación el martes, segundo día del Sr. Joder, durante la pausa con Marga: "A él ponlo con el chico chino, es un sueco muy paciente y muy rápido... se ayudarán mogollón" Y así fue. Marga siempre tiene razón.
El Sr. Joder hizo buenos amigos en cuatro días. Al poco tiempo apareció Julia, su hermana genética -Juanito dixit- y se juntó su grupo con el de Djamila poquito después. De los hermanos Saw tengo recuerdos hermosos porque son buenas personas que ayudan siempre a sus compañeros, que nunca pierden la educación ni las formas, que contagian ganas de aprender y buen humor al resto... Despiertos, listos, amables, simpáticos, empáticos, divertidos, humanos, respetuosos, inquietos, traviesos... Una profesora NO puede pedir más.
La semana que viene vuelve el Sr. Joder a mi paraíso soñado, su Suecia natal. Me lo han dicho esta tarde y estoy asimilándolo. Mierda. ¿Qué hacemos ahora? Joder. Hace semanas que no es mi estudiante aunque baja muchas veces a hacerme compañía.. Me parece que la escuela se va a quedar un poquito vacía. Yo lo echaré de menos... y no seré la única que se sienta un poco coja.
Me encanta mi trabajo, ya lo he dicho muchas veces, porque aprendo constantemente de mis estudiantes, por timing, por suerte, porque sí. La putada de mi curro es esta, que se van, que un día ya no están en su silla habitual (suelen tener una silla "suya") y entras en clase y te sorprende el vacío, y ya no está esa sonrisa cómplice, esa broma a medias (entre dos), ese cotilleo...
Como soy horrible en las despedidas y siempre digo algo inconveniente o hago algo patético y vergonzoso, aprovecho este momento PHM -PostHappyMiércoles- para agradecerle al Sr. Joder tantísimos buenos momentos. Tienes una casa en Barcelona... y mi sofá, si lo necesitas :-)
El próximo viernes desaparece el Sr. Joder... y después Djamila, Nico, Lidia, Xia, David, Chen, Leo, Tico, Boram, Min, etc.... Marga, Ana B. y yo nos quedamos en Barcelona, de momento, en el turno de tarde de la escuela... ¡No tardéis mucho en volver!
Sr. Joder: Seguro que he escrito mal el nombre de la ciudad y me he dejado los dos puntitos en la "o" o algo así... Perdón... Millones de gracias por facilitarme el trabajo y por hacerlo infinitamente más interesante y divertido.
viernes, 18 de enero de 2013
LA VIDA SIMPLE II
Mi Simple Life 2 suena a saga mala ya desde el principio, por el nombre, aunque recuerdo haber flipado bastante más con Terminator 2 que con la 1... En fin, que aquí llega la versión 2 de "La vida simple". Pasen ustedes, acomódense, rogamos que sus móviles permanezcan en silencio. Comienza la función.
Se abre el telón y aparece un sofá soleado. La cantidad exagerada de mantas nos induce a pensar que estamos en invierno. Ordenador portátil cerrado a un lado. Marcas de sábanas en la piel de quien se ha amodorrado en esas circunstancias, gustosamente.
Hay un par de zapatillas bajo el sofá, alguna barrita de incienso quemándose y una lavadora recién tendida en el balcón abierto. Me he vestido polar de pies a cabeza esta mañana. Sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y un moño despeluchado, me concentro en respirar. Suelto unos cuantos OMS hasta equilibrar el corazón, los pulmones y los pensamientos. Poco a poco. No hay prisa ninguna. Ojos cerrados, luz asalmonada en mis párpados cerrados. El aire entra frío por mi nariz y sale caliente... si abriera los ojos vería vaho saliendo de mis fosas nasales. Pienso que no estoy pensando en nada y sonrío. Mierda, ya la he cagado. Aparecen imágenes, personas, frases, ausencias, chungueríos varios.....
No consigo salir del bucle hasta que pillo a una nube en plena huida frente a mi balcón, escorándose a la izquierda, derramándose detrás de un pequeño rascacielos barcelonés. Se deshace en menos de dos minutos, rota por el viento de este mediodía. Aparecen cuatro más que pueden cubrir su puesto. Respiro la estela de los aviones que despegan y aterrizan de El Prat en la distancia. Los kilómetros, vistos desde mi balcón, parecen milímetros en un plano aéreo.
Me preparo un café americano, sin pizca de leche, con un terrón de azúcar, templadillo, y me lo tomo al sol, como una reina. No hay besos ni carantoñas ni arrumacos... no de ésa manera, no del rollo romántico. De los otros, de los que no esperan declaraciones de amor eterno, de los que se dan porque sí, tengo infinitamente más de los que podría haber imaginado sin que me resulten abrumadores.
En esta vida simple caben muchas mañanas y muchas caras. En esta vida simple también aparece mi familia. En esta simplísima realidad que imagino no hay casi mayúsculas pero tampoco hacen falta para dormir, descansar y despertar con energía. En La Vida Simple Segunda Edición hay un gato que me piropea, me saca los colores y me hace despollarme de la risa.
Viva el descojone general, nenes. Constato que, desde que soy feliz, he perdido algo de drama en mi conciencia social.
martes, 8 de enero de 2013
CIENFUEGOS Y ELOÍSA
He empezado a pensar en este post en la página 186 del libro. De esas veces que lees atragantándote, engullendo letras, conceptos y lemas. De esas veces en que alguien te cuenta algo que te suena mogollón, tanto tanto que eres capaz de verlo desde fuera, de abrirlo aunque sea sin llaves.
Luego -hasta la página 280, final de la novela- ha sido todo un poco loco, bastante carrusel, muy vertical la lectura, muy subjetiva, sorprendentemente intensa y aleccionadora. Como si un buen amigo te contara el cuento de "La piedra redonda", tu puta vida entera, a pequeñas cucharadas... y al final te quedaras con hambre. Patético pero esclarecedor.
En el libro se habla de Eloísa -la cornuda que deja de querer sin querer a Cienfuegos porque se lo ha ganado a pulso (Cienfuegos, digo)-, Juana Bayo -la siguiente víctima de El Podrido, conocido también como L.O.S. (Lo Opuesto de Santo)-, el Defensa, el Riesgo y el Zumos -tríada del bien, amigos de los niños, de espíritu infantil y apariencia circense-, el Remember, Curtis -el enano "Redentor"-, Eugenio Cuchillos -el mejor amigo/enemigo, dos en uno, nena, que estamos de oferta!- y otros tantos personajuchos dibujados a brochazos contundentes, responsables inconscientes de su impronta en vidas ajenas, secundarios que le meten collejas a Cienfuegos mientras caen él y toda su miseria al olvido de algunos pasados. Hay gente pa tó.
No me quedan uñas. No es un rollo de misterio. Está cantadísimo desde el minuto cero cómo NO acabará. Pero es sincero y por eso duele un poquito, porque te pilla como a traición aunque tú ya tengas más que superado todo todo todo lo anterior. Pobre de ti que no lo tengas. Se te comerá vivo. Te hará pedazos si no lo has leído creyéndotelo.
Y ahí ando, braceando hasta El Lugar Seguro (E.L.S.):
"Árbol-roca-montaña
Algunos días me detengo debajo de toldos, en el paseo de Sant Joan, y tan sólo miro la lluvia con las manos en los bolsillos. Sigue sin hacer nada de frío. Pienso en cosas que olvidé que me gustaban: los bares de carretera secundaria que uno ve al pasar por los pueblos, islas imperecederas de formica y baldosa en mitad del vértigo del progreso. La forma en que anhelaba, de muy joven, estar sentado para siempre en uno de aquellos bares, sólo leyendo y bebiendo y viendo los coches pasar, aún ignorante del Podrido, la crisis, el ansia y el vacío que llegarían. Calmado, feliz en mi refugio, mi fortaleza de la soledad. Siempre le hablaba a Eloísa de aquellos bares, se los señalaba desde el coche, como algo que me gustó tiempo atrás y pugnaba por recordar la razón.
Pienso en Lugares Seguros: la comida que me gustaba de niño, la cocina de mi abuela y los discos que amé, y me pongo de nuevo mi vieja camiseta de Vacuola y Los Citoplasmas, con su cuello deshilachado y su agujero en el sobaco izquierdo. Un día incluso estoy a punto de echarme a bailar con una canción, pero al final me entra el pánico de arruinarlo todo si lo hago, así que permanezco inmóvil, mirando girar un disco titulado Magic bullets como si fuese un diagrama hipnótico. Fui injusto con todos esos discos; ellos no tuvieron la culpa de mi fracaso. Les absuelvo. Después de todo, ¿de quién es culpa la decepción, eh?
Y pienso en otro Lugar Seguro: verano de 1988, a los diecisiete, yendo en bicicleta por un camping donde trabajé. En la avenida que seguía el camino de la playa, pedaleando sin manos, nueve de la mañana, todo el mundo durmiendo en sus caravanas y tiendas, el planeta entero aún en la cama, y el olor del mar de El Prat llenándome la cara por dentro, y la brisa del Mediterráneo en el tupé, música gloriosa sonando en el walk-man, explotando sobrenatural en el interior de mi cabeza, we´re living in violent times, oh I tell you. Todos los anhelos y esperanzas y la inocencia de aquellos días y el amor a la vida concentrados allí, sobre aquella bicicleta rápida, pensando que todo iba a ir bien, después de todo."
"Eres el mejor, Cienfuegos", Kiko Amat. Ed. Alfaguara.
Es nombrar mi tierra y perder la objetividad al segundo.
Es vislumbrar un Cienfuegos y reflejarme Eloísa.
La próxima vez le voy a llamar Milchispas.
¿Voy pidiendo hora para rehacerme el DNI? Quiero mi Adolfo y lo quiero ya.
domingo, 16 de diciembre de 2012
LA VIDA SIMPLE
Entre semana me levantaría tarde, rozando el mediodía. En la cocina habría preparada, y misteriosamente caliente, una cafetera con el contenido suficiente para llenar dos tazas en un intervalo de una hora. La primera me la tomaría de camino al baño, en lo que tarda en salir agua calentita. La segunda estaría esperándome en el dormitorio, en la mesa, al lado de un par de mandarinas de ésas que se pelan fácil y no tienen huesos.
Dejaría las toallas secándose en el tendedero y disfrutaría del sol en mi piel con los ojos cerrados y alguna canción de fondo, tarareando sin preocupación, con el pelo mojado y el olor de la fruta, el de la espuma y el de la crema de vainilla mezclados. Liam habría hecho la cama, ordenado los cojines del sofá y amontonado los libros y mis papelajos ya y aparecería quitándose las legañas y la pasta de dientes de la comisura de los labios, con una sonrisa medio torpe y los ojos todavía naciéndole debajo de un montón de pestañas.
Liam me da algunos achuchones, varios besos en los ojos y otros tantos en la boca todas las mañanas antes de que yo me vaya al trabajo. Porque sí. Y porque además huele bien. Podría seguir su rasto. Escribo "Yo me encargo de la cena." en una pequeña pizarra que tenemos en la puerta, debajo de la mirilla, y dibujo un smiley con pelos rizados y a lo loco para que sepa que es mío y no de alguno de los amigos que vinieron anoche a cenar a casa.
Me gusta montar cenas en casa siguiendo el horario europeo. A las ocho llegan los primeros, cargaditos de bolsas y recetas que nos apetece cocinar juntos. Nunca faltan los mejillones porque es ya casi una tradición en esta casa, especialmente si es sábado. Tenemos lavaplatos así que lo de fregar los restos del día anterior no me agobia. Meto en un tupper la ensalada de patatas alemana y las empañadillas chinas que sobraron de ayer. No sé cómo no explotamos todos.
Camino hasta el trabajo y hace un pelín de frío y sol. Estamos en mayo y me parece verano pero todos mis congéneres en este punto del mundo van bastante más abrigados de lo que me parecería adecuado. Paseo pensando en las clases que tendré y en mis estudiantes, maldiciendo un poquito (sólo un poquito) el libro que usamos, mirando escaparates y caras que se cruzan conmigo. Compruebo que si sonrío, los desconocidos y los maniquís me devuelven la sonrisa, medio sorprendidos. Me siento bien. Me siento fuerte. Paro en el bar de cada día. Lily me recibe sonriente y me prepara el café americano para llevar con dos hielos grandes mientras me pregunta qué significa algo que ha leído en el periódico esta mañana.
En la escuela en la que trabajo me reciben cantando. Literalmente. Mis alumnos, adultos, son majos y cariñosos, me abrazan, me cuentan mil historias, empatizamos, lo pasamos bien y aprendemos más allá de las gramáticas y las palabras. A veces traen comida que ellos mismos han cocinado, otras vídeos y fotos, otras anécdotas y risas. Salgo sudada pero contenta, como después de hacer el Deporte (que decía K. Amat)
Salgo del trabajo y voy a buscar a Ian, que se quedará conmigo esta noche porque mi hermana y mi cuñado tienen planeado un rollo romántico. Mi sobrino se abraza a mi pierna en cuanto me reconoce. Yo lo cojo en brazos y le beso los mofletes colorados poseída por el espíritu de la típica tía que te pellizca los carrillos en versión indolora. Se despide de su madre con lagrimones como puños pero se le pasa en cuanto le prometo que le leeré algún libro al llegar a casa. Vamos al parque cogidos de la mano, cantando lo que le enseñan en su colegio. "¿Tú no les enseñas canciones en tu cole?", me pregunta. "No, les enseño otras cosas." "¿A Liam tampoco?", insiste. "Él me enseña a mí", le digo. Y se parte de risa, porque le encanta Liam y porque le resulta gracioso imaginarme a mí de estudiante, a su tita, a la "Señu".
Preparamos algo de papeo después de acostar a Ian. El teléfono suena un par de veces: Ana M. tiene ganas de metafísica y nos pasamos un buen rato dándole a la sin hueso, descojonándonos. Dos perdidas de Helena. Mañana la llamo y recuperamos temas. Liam me explica qué tal su día con detalle, emocionado, porque es algo que le gusta y lo disfruta por más que sean horas y horas de trabajo. Me dice que vendrá a yoga la semana que viene, que le hace falta. Podría ser carpintero, abogado, cajero de súper, doctor, científico, camarero, estadista... No importa. Le mola. Se lo pasa bien. Eso sí que importa.
Nos metemos en la cama y ponemos bajito, por ejemplo, Lost, una serie que ya hemos visto varias veces y que sigue flipándonos, frikis como nos sabemos, jugando con los dedos, con la lengua, con los ojos. Liam se queda dormido y yo aprovecho para mirar los mensajitos del Facebook: Ricardo ha descubierto un par de cosas interesantes de visionado online y está muy bien a -15º. Sumin, Djamila, Jacob, Nico/Monique, Charlotte, Maila, Carla, Liane, Neda, Marianna, Carlos, David, Adel, Claudia, Matteo, Nathan, Kim, Paula, Simeng, Baolin, Juanito y algunos más han comentado las fotos que hice el finde pasado en la boletada.
Apago el ordenador y me acuerdo de cuando no lo hacía y me daban las tantas viendo bazofia. Enciendo la luz para coger un libro y Liam se despierta. Voy a comprobar que Ian está bien y vuelvo a la cama donde Liam se acurruca a mi lado dejándome el espacio suficiente para que pueda leer hasta quedarme dormida con una sonrisa. El libro no está nada mal pero tengo que levantarme más que activa mañana así que me concentro en los ronquidos de Liam. Hay gente que ronca bien. Eso es así. Meto la nariz en un omóplato, me hago un 4, escucho y me duermo. Así de simple.
Me despierta Ian tempranito pero es sábado y se lo perdono sin más. Desayunamos los tres, lo meto en la ducha, lo visto y me tumbo en la mecedora. Ahí están, jugando los dos, mirándome de lejos. Tengo en perspectiva un museo, paseos, juegos, historias y clases de "Cómo ser bonito" en diez pasos. Esto último, para mí. Tengo buenos profes.
De mi "Simple life" idílica a la real hay nada y menos. Ahí lo dejo. Estiro los dedos por encima de mi cabeza y ya lo estoy rozando. Alé. Nos vemos, colegas.
martes, 27 de noviembre de 2012
IAN y los hermanos de alma
Ian, ya tengo un año más.
Cuando yo era pequeña me encantaban los cumpleaños. Le comía la cabeza a tu abuela -pobre- con una lista interminable de regalos, le pedía que me hiciera juegos para encontrarlos y ella se lo curraba un montón escondiéndolos y atándoles hilos con tarjetitas y acertijos. Es verdad que a veces me puteaba, como el año que me regaló la bici vieja pero limpia sólo para descojonarse en mi cara, o como cuando ponía unos pendientes en una caja gigante y había que rebuscar entre papeles, bolsas, globos y golosinas.
Cuando era muy muy pequeña mi cumpleaños coincidía con el Día del Profesor y entonces no había clase y tenía que repartir los sugus al día siguiente. Todos, los 32 niños de mi clase, me felicitaban al encontrarse con los caramelos en la mesa. Educados, eran. Algunos, los más sádicos y los más cabrones, se emperraban en tirarme de las orejas (tantos tirones como años en cada lóbulo) hasta que me hervía la cabeza entera. Pero me molaba. Luego, un pelín más mayor, se puso de moda lo de hacer bolsitas con golosinas variadas para regalar a tus compañeros así que tu abuela y yo nos pasábamos un par de tardes antes del cumple rellenando bolsitas, metiendo las chuches, poniéndoles el lacito, atándoles tarjetitas, escribiendo los nombres...
No sé cuándo dejó de gustarme el día de mi cumpleaños, porque es el día y no cumplir años lo que me encabrita. Supongo que nunca he llevado bien lo de ser el centro de atención por mi timidez, más el agobio de afrontar un día en el que la gente es especialmente amable y te quiere demostrar cariño pese a lo rancia y seca que me saben... y a todo eso hay que sumarle el estar enferma cada año por estas fechas (somatizar, que se llama) y el tener X "carencias" que me parecían infinitamente más poderosas que todo lo que sumaba en el otro plato de la balanza.
A mis 33 he amanecido positiva. Me fui a dormir arropada por los primeros buenos deseos y, al despertarme, todavía había más mensajes bonitos para mí. Aún así debo confesar que lo que ha marcado la diferencia este año no han sido los sms ni las llamadas ni el FB... no, no... Este año es diferente, Ian, porque hace unos meses encontré a mi hermano de alma. ¿Qué se ha fumado mi tita? te preguntarás. Pues nada de nada, yo soy un poco así a veces. Un poco flipá, sí, pero eso no significa que esté equivocada, lo mismo que al paranoide con manía persecutoria lo pueden seguir también.
Se llama Arturo. Nacimos el 27 de noviembre del mismo año y ochomesinos ambos... Tócate los.. el tema, ¡Tócate el tema! ;-P Qué coincidencia, ¿no? Soy la hermana mayor por 4 horas. Desde que sé de la casualidad confío ciegamente en él. Rascando un poquito hemos descubierto todavía más puntos comunes y de ahí que este cumple haya sido muchísimo menos agobiante. A los dos nos daba repeluco lo de tener a peña besuqueándonos y cantándonos el puto Cumpleaños feliz de Parchís, lo de recibir/encajar regalos de nuestros compis (y amigos) en la escuela, lo de estirar los labios cada vez que alguien nos felicitara, lo de decir gracias y aceptar cumplidos en cadena, lo de entrar en una habitación sospechando la sorpresa....
Para mí, compartirlo lo ha hecho no sólo más fácil, sino bonito otra vez. He disfrutado de mi cumple como hace años... Yo he comprado golosinas y pastelitos y él se ha currado un pastel riquísimo y un tronco de chocolate que se te iba la pelota. Nos hemos cantando la cancioncita de marras y nos hemos abrazado en hermandad, estoicamente, flipando bastante con llevarlo tan tan sumamente bien que ni nos apetecía salir corriendo de la escuela.
Arturo es mi hermano de alma. Arturo y yo nos hemos vestido hoy casi igualitos, rollo gemelo, jersey azul eléctrico, tejanos oscuros y melenas al viento. Puta telepatía. Que la patenten ya. Estaba pensando ahora mismo que si me dicen que comparto las mismas casualidades con cualquier otro me lo hubiera tomado de una manera más racional. Por poner un ejemplo 3I (imposible, idiota, ilustrativo): +¿Sabes que naciste el mismo día, mes y año que Hitler/Aznar/cualquier político chungo? - Bah, bah, nada, números.
¿Ya has encontrado algún hermano de alma, Ian? Me parece que un hermano de alma se basa en algunos puntos comunes y mucha fe recíproca. Echa un vistazo.. ¿Y? Cuéntame, sobri, que las cosas especiales hay que compartirlas todavía más que el resto.
Alé, a cascarla que se está acabando el cumple. Voy a colgar ¡tu primer regalo!
martes, 20 de noviembre de 2012
IAN y mis 33
En estos últimos cinco meses y poco, mis días se han medido en gran parte en función de tu estado, tus avances y tu evolución. Has pasado de la talla bebé a una algunos meses por encima de tu edad. Ya sonríes con gorgoritos y gritos incluidos, me has dado los primeros tirones de pelo, te has enfadado conmigo....
Me estoy yendo del tema... A lo que iba, enano... En menos de una semana cumplo 33 años. Qué gore. Joder. Cagonlaputa... El 27 de noviembre... ¡¡¡33!!!... ¿Cápasao? Se me ha ido la olla con lo del mañana, mañana...
No sé si te has dado cuenta -si has leído lo suficiente- pero cada año, todos mis putos cumpleaños, hago una lista (antes o después) de agradecimientos, perdones y deseos. Normalmente hago varios borradores sobre el tema así que puede que este sea el primero de algunos posts cansinos. Mi idea hoy es escribir algo tan corto y conciso como esto:
Gracias a los que habéis estado en mi vida lo suficiente como para sacarme una carcajada o una blasfemia. El aprecio es compartido. Ojalá sigamos queriéndonos y odiándonos tanto tanto tanto que las cuentas salgan, de alguna manera, bien para todos.... (prometo hablarte de lo necesario y maravilloso de tener un enemigo a tu altura). ¿Perdonar? ¿Perdón? ¿Cómo? No sé de qué me hablas... No me acuerdo de casi nada (guiño, guiño, codazo) ;-) Pues eso.
Regalos: lo que más me gustaría es recibir cartas y dibujos. Lo juro. 33 años, sí. Estoy hecha una pipiola. Y tan feliz. Yo, cumpleañera, llevaré sugus y dulces variados para todos. Acepto tirones de orejas. Sufro con el "Cumpleaños feliz" cantado por personas adultas y conscientes. No me hagáis abochornarme, por favor. Los besos y los abrazos a secas también son bienvenidos.
El tiempo, nene, el tiempo... Ya me entenderás, Ian. A mi edad y sigo en construcción... Joder...
¡¡qué suerte!! A ti, sobrino, te pido que cada año me regales algo que tú hayas creado. Ni un puto euro en comprarme chuminadas, quiero algo tuyo, que salga de tu cabeza, de tu corazón o de donde cojones quieras. Si te entra el pánico escénico que no sea por la calidad de tu regalo, su originalidad o su tupicorlismo... Si hay algo que debes temer en la vida es a tu madre cabreada, como la imagino conmigo ahora mismo al leer las palabrotas que he usado en este puto post... Cabezas rodando, intestinos fuera, cabelleras cortadas, muuucha saaaangre....
Un puto regalo tuyo, cada puto año, toda la puta vida... A ti te puede sonar a castigo pero, a mí, me está molando mogollón la idea. Te jodes, nene, que para eso eres el pez pequeño.
Alé, a cascarla.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Los nombres de fuego
Caras conocidas en sueños y síndrome menstrual, igual a semipesadilla lacrimógena. Es que hay nombres que se te pegan en la cara interna del estómago, justo debajo del pecho, medio colgando de los pulmones y del corazón... y se muestran, se dejan leer, se reivindican, cuando menos te lo esperas, como a contracor, como riéndose en tu puta cara de todo tu esfuerzo. No sé cómo decirlo sin caer en la brusquedad otra vez, acabaré creyéndome que soy del sector rancio que da miedo. Prometo que no tengo intención de asustar a nadie, es que me sale el lado salvaje en cuanto me ponen contra las cuerdas. Y, últimamente, por cuerdas vale casi todo lo que me robe más de un segundo de pensamiento. Quizá ese es el problema nº 1. El nº 2 está en que, incluso analizando a posteriori todo mi proceso neuronal, me veo cerril siguiendo mi impulso inicial, el puto primer latido, con convencimiento. Y así.
Protesto muy fuerte contra mí.
Olvidar está siendo jodido. Leer a Escandar no lo hace más fácil. Tengo más agujetas mentales que de las otras. Me cago en el gerundio.
- Buenas noches, póngame un nº 1 y un nº 2.
- Están de oferta. ¿Algo de postre?
- No, no, no es cuestión de abusar.
De alguna manera vuelvo a "Cuatro amigos" de David Trueba. Necesito más vacaciones, más risas comunes esparcidas durante días, días, días, días, días y días. No me desagradaría una declaración de intenciones como la que sigue. Las cláusulas se podrían discutir. O no. Probablemente no. No me llames Dolores, llámame Lola.
"Ven conmigo, Bárbara, quería decirle. Yo también convertiré nuestro apartamento en un lugar alejado del mundo, no dejaremos que nadie entre en nuestra vida si tú no quieres, levantaré el parquet para que puedas tener un huerto, aprenderé a pilotar avionetas aunque sea para construirlas de papel. Convertiremos la casa en tu laboratorio de fotos, no conocí a nadie que le sentara tan bien la luz roja. Fabricaré playas para ti con arena sobre los tejados. Bárbara, nos inventaremos la vida cada mañana. Le he perdido el miedo a la felicidad, aprenderé a saludarla por el pasillo sin sentirme mal por no estar mal, como antes sospechaba de los sueños si no eran pesadillas. Súbete a este tren y vuelve al lugar al que perteneces. Los grandes egoístas podemos tener grandes amores. Ven conmigo, Bárbara." Davida Trueba, "Cuatro amigos".
Dejo para otro momento: el tener una maleta "no-preparada" para salir por pies si hiciera falta, el móvil silenciado plantándome cara, las ganas de dormir bien en compañía y varios arrepentimientos nocturnos. Hay vacaciones en las que se cansa uno más de lo que marca el presupuesto.
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