Me acuerdo de una falda que estrenaba en las fiestas de Bellvitge y que acabó chamuscada después de tirar un petardo (me acuerdo de que se llamaba "chino" y era verde y alargado). Me acuerdo de los remordimientos que tuve hasta que se lo conté a mi madre. Me acuerdo de que la falda era tejana, por encima de la rodilla, con ribetes blancos.
Me acuerdo de ver pasar a Elena por debajo de mi casa seguida de sus hermanos como mamá patito y me acuerdo de pensar, ya entonces, que debía ser buena gente.
Me acuerdo de mi huelga de palabras con 12 años, semanas que parecían años, para demostrar lo ofendidísima que estaba con el niño de mis ojos de entonces. Me acuerdo de terminar 8º y de despedirnos en el porche del Pompeu Fabra, como si no hubiera pasado nada, como dos amantes que se lo hubieran dicho todo ya. Me acuerdo del verano horrible que pasé. Me acuerdo de mi cara de sorpresa cuando, pocos años más tarde, me enteré de que había sido padre.
Me acuerdo de la mínima colleja que me dio la profesora de Catalán porque me pilló hablando castellano en su clase. Sobre todo me acuerdo de su frase: "No me esperaba esto de ti, con lo buena que parecías...". Que se preparen los psicólogos que ésta todavía no la tengo superada.
Me acuerdo de mi camiseta de Nirvana y mis tejanos negros destrozados. Me acuerdo de la cara de desaprobación de mis familiares cada vez que nos cruzábamos. Me acuerdo de que la llevaba puesta la primera vez que un chico me esperaba a la salida del "insti". Me acuerdo de la vergüenza que sentí. Me acuerdo de que dejé de llevarla en COU (unos dos cursos después).
Me acuerdo de cuando jugaba con mi hermana a darles sustos a mis abuelos que, por entonces, nos cuidaban. Me acuerdo de mi abuela soltando barbaridades por la boca y de mi abuelo, siempre pacifista, proponiéndonos ir a comprar golosinas, dulces, chucherías...
Me acuerdo de cuando mi hermana me dio un bocado en el brazo para demostrarme quién era la más tozuda y me atravesó la piel del antebrazo con los incisivos. Me acuerdo de verlo y mirarla. Me acuerdo de que no parecía ella, estaba poseída. También me acuerdo de cuando me tiró manteca con chorizo a la cara empleando la técnica catapulta con la cuchara. Y cuando hizo lo mismo con unos espaguetis (de eso hay material gráfico). No le guardo rencor.
Me acuerdo de cuando mis padres compraron el terreno y me enseñaron, en el coche, los billetes que iban a darle a X. Me acuerdo de flipar tocándolos. Me acuerdo de pensar que nunca había visto ni vería tanto dinero junto.(No me equivoqué). Me acuerdo de llegar al terreno y poner el pie en la única superfície plana de todo lo que mi padre llamaba "nuestro". Me acuerdo de las ganas de llorar mientras veía la jungla y me abría paso en ella. Me acuerdo de gritar como un animalico al descubrir una serpiente en la hoguera que, quién sabe quién, había dejado allí. Me acuerdo de cómo mi padre la mató con lo primero que pilló. Me acuerdo de su cara sin miedo, como si estuviera acostumbrado a hacer eso todos los días.
Me acuerdo de los dientes de aquel chico que se ofrecía a llevarme siempre en moto. Me acuerdo de mi padre blasfemando por mi ocurrencia. Me acuerdo de Juan Carlos pero nunca más se supo de él después de aquél verano.
Me acuerdo de cuando llegó el Tronco.
Me acuerdo de lo seria que me parecía la vida de adulta y de que imaginaba que nunca podría tener algo parecido.
martes, 30 de noviembre de 2010
ME ACUERDO, Joe Brainard (I)

Me acuerdo de lo bien que puede saber un vaso de agua después de un tazón de helado.
Me acuerdo del día que murió Marilyn Monroe.
Me acuerdo de muchos primeros días de colegio. Y de ese sentimiento de vacío.
Me acuerdo de muchos septiembres.
Me acuerdo de cuando pensabas que si hacías algo malo, la policía te metía en la cárcel.
Me acuerdo de cuando, en el colegio, le dabas una tarjeta de San Valentín a toda tu clase, no fuera a ser que alguien a quien no le habías dado te diese una.
Me acuerdo de los lecheros. De los carteros. De las toallas para invitados. De los felpudos de "Bienvenidos". Y de las señoras de AVON.
Me acuerdo de la gente muy mayor cuando yo era muy joven. Sus casas olían raro.
Me acuerdo de la que vida era tan seria entonces como lo es ahora.
Me acuerdo de cuando la Pepsi-Cola estaba con un pie en la tumba.
Me acuerdo de un pinatuñas rojo oscuro casi negro.
Me acuerdo de los vasos de aluminio de colores.
Me acuerdo de un día muy caluroso de verano en el que se me ocurrió poner cubitos de hielo en el acuario y se murieron todos los peces.
Me acuerdo de hacer helado casero.
Me acuerdo de que me gustaba más el helado comprado.
Me acuerdo de ponerme bronceador y de que justo entonces el sol se vaya.
Me acuerdo de esa sacudida que te da justo antes de quedarte dormido. Como cayéndote.
Me acuerdo de querer dormir en el patio de atrás y de que se riesen de mí diciendo que no iba a aguantar la noche entera y de, al final, dormir fuera y no aguantar la noche entera.
Me acuerdo de las fuentes que empiezan por un chorro pequeño y cuando pones la cara sale un chorro gigante que se mete en toda la nariz
Me acuerdo de la sopa de pollo con fideos cuando estás malo.
Me acuerdo de los filetes de pollo empanado.
Me acuerdo de llenar la cubitera hasta arriba y de intentar llevarla hasta el congelador sin que se me derrame nada.
Me acuerdo de ponerme mi mejor ropa para ir a comprar ropa nueva.
Me acuerdo de la gente, en la calle cuando se ponía a llover, saliendo disparada con la cara contraída.
Me acuerdo de lo que cuesta poner fin con naturalidad a una carcajada en público.
Me acuerdo de los cumpleaños.
* Joe Brainard escribió "I remember" en 1970. La fórmula era sencilla: consistía en repetir muchas veces ( hasta mil) la frase "I remember" ("Me acuerdo") para rescatar recuerdos, sensaciones, imágenes de su pasado. Este mismo esquema lo siguió Perec en "Je me souviens" en 1978, y es tan tentador y tan eficaz, que intuyo que muchos más lo han hecho. "Me acuerdo" acaba de ser editado en español por Sexto Piso.
Es muy fácil encontrar nuestros propios "Me acuerdo" entre los que escribe Brainard. Es mi propuesta para una tarde de diciembre.
Extraído de http://chicalistas.lacoctelera.net/post/2009/08/10/veintiseis-me-acuerdo-del-libro-joe-brainard
Más aquí:
http://lectorileso.lacoctelera.net/post/2005/12/13/-i-remember-joe-brainard
viernes, 26 de noviembre de 2010
Igual mañana...
Igual mañana no estoy enferma.
Igual mañana no veo a ninguno de los seres queridos que no tienen relación consanguínea conmigo.
Igual mañana pesco algo.
Igual mañana llego a casa contenta y me voy a dormir feliz por primera vez esta semana.
Igual mañana no necesito forzarme a dormir sino que caigo en el sueño como cuando era pequeña y se me cerraban los ojos durante la cena de puro agotamiento, de haberlo dado todo en ese día, de haber disfrutado como la enana que era.
Igual mañana no me enfado ni me puteo ni me desespero ni me entran las ansias asesinas.
Igual mañana no paso el día asobinada.
Igual mañana es diferente a los últimos 27 de noviembre. Ojalá que sí, que ya va siendo hora, ¿no?
Igual mañana no veo a ninguno de los seres queridos que no tienen relación consanguínea conmigo.
Igual mañana pesco algo.
Igual mañana llego a casa contenta y me voy a dormir feliz por primera vez esta semana.
Igual mañana no necesito forzarme a dormir sino que caigo en el sueño como cuando era pequeña y se me cerraban los ojos durante la cena de puro agotamiento, de haberlo dado todo en ese día, de haber disfrutado como la enana que era.
Igual mañana no me enfado ni me puteo ni me desespero ni me entran las ansias asesinas.
Igual mañana no paso el día asobinada.
Igual mañana es diferente a los últimos 27 de noviembre. Ojalá que sí, que ya va siendo hora, ¿no?
domingo, 14 de noviembre de 2010
LA PECERA

Eva es buena profesional. Eva es buena colega. Eva parece buena persona.
Eva no lleva bien las distancias cortas... por eso no es buena hermana ni buena como pareja ni tiene grandes amistades.
Eva sabe mucho, muchísimo, de intuiciones y palpitaciones y teorías psicológicas y laberintos del alma. Lo extrapola y se queda con las manos vacías. De su tiempo, dedica un 5% a ella misma, lo justito pa ponerse más que presentable, ir a la pelu, comprarse modelitos y cuidar su apariencia externa.
Eva no tiene ni idea de qué hacer con su vida. Es capaz de verse desde fuera, de una forma casi objetiva, pero... no mueve ficha, está acojonada y sola.
Eva es una madre muchas veces y, algunas, una dominatrix atractiva para sus pacientes. Ella no se ve ni una cosa ni la otra y todo a la vez. El morro y los agradecimientos le dan lo básico para pasar el día, la energía vital mínima. Eva no tiene claro su rol, por eso no lo disfruta.
Eva intenta ser justa con los que la rodean pero no hace lo mismo con su propia persona. Eva está cagada, se arrepiente de muchas cosas que no sabemos y que tampoco ella quiere saber. Los análisis los dedica a los otros... pa ella una webcam es lo más cercano al autoanálisis.
Eva llora por sus muchachos, los mira de cerca y se le saltan las lágrimas porque ésta se ha quedado embarazada con 15 años, el otro tiene que ir al reformatorio, el otro es tartaja... Eso sí, no se mira ni un segundo al espejo sin maquillaje de por medio.
¿Cuántas Evas hay? Cuánta peña hay por ahí que se dedica a mirar a los demás, a invertir tiempo en otros, a resolver dramas ajenos, a analizar síntomas extraños... Y a pesar de las toses, los mocos y la fiebre no se da ni cuenta de que tiene gripe.
Eva necesita descansar. Y ahí, en ese oasis de aburrimiento y abulia, debería empezar a mirarse el ombligo y a comer algo y a escucharse y a cuidarse más allá de los potingues de la cara y los trapitos y a aplicar en sí misma lo que tanto va predicando por ahí.
Eva me tiene hasta el potorrón. Qué rabia da tan mona, tan lista y tan perdida.
ALGO SUPUESTAMENTE DIVERTIDO
" Admito que esa limpieza misteriosa e invisible del camarote resulta genial en cierto sentido, es la fantasía de todo verdadero holgazán, que alguien se materialice, arregle el desorden de tu habitación y desaparezca de nuevo: es como tener una mamá sin el sentimiento de culpa. Pero también hay, creo yo, una culpa espantosa en esto, una inquietud profunda y acumulativa, una incomodidad que se presenta -al menos en mi caso- como una especie extraña de paranoia por ser cuidado.
Porque al cabo de un par de días de esta fabulosa limpieza invisible del camarote, empiezo a preguntarme cómo sabe exactamente Petra cuándo estoy en el 1009 y cuándo no. Ahora se me ocurre que casi nunca la veo. Durante un rato hago experimentos, como por ejemplo salir disparado al pasillo de babor de la cubierta 10 por si veo a Petra agazapada en alguna parte vigilando quién sale de su camarote. También doy una batida por toda la zona del pasillo y los techos en busca de alguna clase de movimiento de cámaras o monitores fuera de las puertas de los camarotes; nanay en ambos frentes. Luego descubro que el misterio es todavía más complejo e inquietante de lo que había pensado al principio, porque mi camarote es limpiado siempre y únicamente en los intervalos en que estoy fuera más de media hora. Cuando salgo, ¿cómo pueden saber Petra o sus supervisores cuánto tiempo voy a estar fuer? Pruebo a salir del camarote un par de veces y volver al cabo de diez o quince minutos a fin de pillar a Petra in delicto, pero nunca está. Pruebo a dejar el camarote hecho un desastre, marcharme, esconderme en alguna cubierta inferior y luego volver a toda prisa al cabo de veintinueve minutos exactamente: de nuevo abro la puerta de golpe, pero ni está Petra ni nadie ha limpiado. Luego abandono el camarote exactamente con la misma expresión y llevando las mismas cosas que la vez anterior y esta vez permanezco escondido durante treinta y un minutos y regreso: ahora no hay rastro de Petra pero el camarote 1009 está esterilizado, reluciente y hay un bombón en la almohada nueva de la cama. Sepan que examino con cuidado cada centímetro de todas las superficies por las que paso durante estos experimentos: no encuentro cámaras, sensores de movimiento ni ninguna otra prueba que pueda explicar cómo lo saben. De forma que por el momento postulo que debe de haber un miembro especial de la tripulación asigando a cada pasajero que sigue todo el tiempo a ese pasajero, usando técnicas extremadamente sofisticadas de vigilancia personal e informando de los movimientos de los pasajeros, de sus actividades y de la hora prevista de regreso al camarote al cuartel general del personal de mantenimiento, o algo así. ASí pues, durante un día aproximadamente intento llevar a cabo acciones evasivas extremas -darme la vuelta de repente y mirar detrás de mí, salir de pronto de detrás de una esquina, entrar y salir de la Tienda de Regalos por puertas distintas, etcétera-, pero nunca sorprendo a nadie vigilándome. Nunca consigo desarrollar una teoría mínimamente plausible acerca de cómo lo hacen. Para cuando dejo de intentarlo, ya me siento medio loco y mis medidas de contraespionaje hacen que el resto de los pasajeros del pasillo de babor de la cubierta 10 me miren con miedo e incluso que algunos se den golpecitos con el dedo en la sien."
David Foster Wallace, "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer".
Porque al cabo de un par de días de esta fabulosa limpieza invisible del camarote, empiezo a preguntarme cómo sabe exactamente Petra cuándo estoy en el 1009 y cuándo no. Ahora se me ocurre que casi nunca la veo. Durante un rato hago experimentos, como por ejemplo salir disparado al pasillo de babor de la cubierta 10 por si veo a Petra agazapada en alguna parte vigilando quién sale de su camarote. También doy una batida por toda la zona del pasillo y los techos en busca de alguna clase de movimiento de cámaras o monitores fuera de las puertas de los camarotes; nanay en ambos frentes. Luego descubro que el misterio es todavía más complejo e inquietante de lo que había pensado al principio, porque mi camarote es limpiado siempre y únicamente en los intervalos en que estoy fuera más de media hora. Cuando salgo, ¿cómo pueden saber Petra o sus supervisores cuánto tiempo voy a estar fuer? Pruebo a salir del camarote un par de veces y volver al cabo de diez o quince minutos a fin de pillar a Petra in delicto, pero nunca está. Pruebo a dejar el camarote hecho un desastre, marcharme, esconderme en alguna cubierta inferior y luego volver a toda prisa al cabo de veintinueve minutos exactamente: de nuevo abro la puerta de golpe, pero ni está Petra ni nadie ha limpiado. Luego abandono el camarote exactamente con la misma expresión y llevando las mismas cosas que la vez anterior y esta vez permanezco escondido durante treinta y un minutos y regreso: ahora no hay rastro de Petra pero el camarote 1009 está esterilizado, reluciente y hay un bombón en la almohada nueva de la cama. Sepan que examino con cuidado cada centímetro de todas las superficies por las que paso durante estos experimentos: no encuentro cámaras, sensores de movimiento ni ninguna otra prueba que pueda explicar cómo lo saben. De forma que por el momento postulo que debe de haber un miembro especial de la tripulación asigando a cada pasajero que sigue todo el tiempo a ese pasajero, usando técnicas extremadamente sofisticadas de vigilancia personal e informando de los movimientos de los pasajeros, de sus actividades y de la hora prevista de regreso al camarote al cuartel general del personal de mantenimiento, o algo así. ASí pues, durante un día aproximadamente intento llevar a cabo acciones evasivas extremas -darme la vuelta de repente y mirar detrás de mí, salir de pronto de detrás de una esquina, entrar y salir de la Tienda de Regalos por puertas distintas, etcétera-, pero nunca sorprendo a nadie vigilándome. Nunca consigo desarrollar una teoría mínimamente plausible acerca de cómo lo hacen. Para cuando dejo de intentarlo, ya me siento medio loco y mis medidas de contraespionaje hacen que el resto de los pasajeros del pasillo de babor de la cubierta 10 me miren con miedo e incluso que algunos se den golpecitos con el dedo en la sien."
David Foster Wallace, "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer".
jueves, 4 de noviembre de 2010
BOTILLO
Le regalo una remesa de botillos al primero/-a que me cambie la cara.
De postre yo pongo las ganas, la buena disposición y hasta las risas.
No puedo con los nombres que empiezan por M. Ni Mathilde, ni Matilde, ni María, ni mierdas.... Creo que me dan mal fario. Es verdad que estoy picajosa, ¿y qué? ¿que no tengo razón por eso?
A la Mieeeerrdaaa!!!
De postre yo pongo las ganas, la buena disposición y hasta las risas.
No puedo con los nombres que empiezan por M. Ni Mathilde, ni Matilde, ni María, ni mierdas.... Creo que me dan mal fario. Es verdad que estoy picajosa, ¿y qué? ¿que no tengo razón por eso?
A la Mieeeerrdaaa!!!
miércoles, 27 de octubre de 2010
CENA
Merluza, rape, gambas, cebolla y arroz. Todo junto en una sartén. Mi cena de esta noche.
Los números, las medidas... no son lo mío. O cena, comida, cena, comida y cena para mí o cena para cuatro con hambre. A partir de ahora voy a tener que perfeccionar el arte de la comida para uno. Eso o explotar.
Bienvenidos los cambios. Ya estoy preparada. Objetivo: ser mejor. Oteando el horizonte y amarrando velas. Vamos allá, que no se diga que no lo intenté.
Buen viento para todos.
Los números, las medidas... no son lo mío. O cena, comida, cena, comida y cena para mí o cena para cuatro con hambre. A partir de ahora voy a tener que perfeccionar el arte de la comida para uno. Eso o explotar.
Bienvenidos los cambios. Ya estoy preparada. Objetivo: ser mejor. Oteando el horizonte y amarrando velas. Vamos allá, que no se diga que no lo intenté.
Buen viento para todos.
miércoles, 20 de octubre de 2010
PÁGINAS SUELTAS
"Carnaval y yo nos conocimos en el colegio, en EGB. Los dos íbamos a los curas del pueblo porque nuestros padres, sin ser nada católicos, querían asegurarse de que recibíamos una buena educación. Así que nos metieron en los curas, curas progres, y esto sí es un oxímoron grande.
Curas Progres, que es como decir Fuego Amigo o Lepra Apetitosa o Nazi Simpático.
Nuestros padres nos metieron sin preguntar en un lugar donde teníamos que confesarnos una vez a la semana, ir de convivencias a seminarios de curas, dar clase de religión y, cómo no, ir a misa.
¿Qué tipo de misa era?¿Qué tipo de curas eran? ¿Qué especie?¿Qué marca?
¿Importa?
Jesuitas, franciscanos, salesianos, dominicos, todos la misma cosa. Todos la misma basura.
Nuestros padres nos metieron en aquel lugar lleno de esquinas y silencio y zapatos adultos que hacían eco por los pasillos, un edificio en forma de trapecio y cara de bloque comunista y persianas color diarrea de paloma, y paredes de baldosas verdeocre, y urinarios repugnantes con cagaderos de agujero y acelerador y papel de lija, de vidrio, para los culos, y una iglesia de las que construían en los setenta, moderna y deprimente y llena de estatuas con formas poliédricas que daban miedo. El Mundo Bizarro de Superman, pero en santos y santas y cristos.
Y curas por todas partes.
Curas Progres, que es como decir Vómito Sabroso, o Sífilis Encantadora. Curas barbudos, curas con chándal, curas con chirucas, curas con guitarra, curas con aliento de madriguera de ave carroñera africana, curas con respiración de catacumba, rojo el iris y negras las intenciones.
Pero todos: curas cabrones.
Allí fuimos a parar los dos, Carnaval y yo y nuestros dos culitos infantiles culitos imberbes.
Carne de cañón."
Pág. 42-43.
"Mi padre me mira, con esos hombros de yugo de bueyes gigantes, y las dos manos pecosas juntas, como orando, su figura de... ¿cómo era el dios ese del yunque? No me acuerdo. Como el dios griego ese, pero en guapo. Y mi padre tiene los ojos irritados cuando me cuenta lo que me cuenta, y casi no puedo acordarme de cuando mi padre era lo que me daba seguridad. Y cómo lo admiraba. Y cómo hablaba de él en tercero de EGB.
Dar cera, pulir cera.
Y va mi padre, va mi padre y se cubre la cara con las manos, y empieza a sollozar. Un hipo controlado pero fuerte, sacudidas fuertes, se le mueven los hombros con explosiones de moto de gran cilindrada, y yo pongo la mano ahí porque he visto que eso es lo que hacen en las series de televisión en los malos momentos.
Y, aunque no me doy cuenta en ese momento, quizá éste es el fin definitivo de tu niñez. El día en que te das cuenta de que tus padres ya no pueden ayudarte, ni protegerte del dolor, y que estás desnudo en medio del huracán de basura que está empezando a soplar. La tramontana de mierda que se levanta en la distancia, acercándose.
Le doy dos golpecitos en el hombro, no sé qué decir, olvidé ser el Niño Malabarista, dejé conscientemente de ser el pegamento instantáneo que mantenía unidos los pedazos del feísimo jarrón que es mi familia y le digo Buenas noches, papá. Mañana será otro día.
No me creo eso.
Mañana sera un día como hoy, o peor, pero algo tenía que decir.
Pasando por la habitación de Gilda abro la puerta con cuidado y meto la cabeza dentro y entrecierro los ojos y la veo ahí, respirando acompasadamente, calmada bajo su edredón de pitufos, y veo en el suelo a Ken Rompepistas desnudo y decapitado, y por un momento pienso que me gustaría ser mi hermana. Sin preocupaciones, más allá de muñecos y de alimentar a Pol Pot y Ya no me estoy con la Meritxell y decidir entre soltera, casada, viuda, monja, enamorada.
Todavía debe de quedarle algo de suerte en su bote; espero que la utilice de manera más juiciosa que yo.
Cierro la puerta delicadamente y me meto en mi habitación. Me saco los pantalones, no, primero las botas, y en camiseta y calzoncillos hago el paso de claqué que me enseñó mi abuelo."
Extraído de "Rompepistas", Kiko Amat. Ed. Anagrama, págs. 210-211.
Más que recomendable es imprescindible para entender algo de lo que muchos llaman la periferia de Barcelona arrugando la nariz despectivamente. Xino, xano, majos... En el camino nos encontraremos.
Curas Progres, que es como decir Fuego Amigo o Lepra Apetitosa o Nazi Simpático.
Nuestros padres nos metieron sin preguntar en un lugar donde teníamos que confesarnos una vez a la semana, ir de convivencias a seminarios de curas, dar clase de religión y, cómo no, ir a misa.
¿Qué tipo de misa era?¿Qué tipo de curas eran? ¿Qué especie?¿Qué marca?
¿Importa?
Jesuitas, franciscanos, salesianos, dominicos, todos la misma cosa. Todos la misma basura.
Nuestros padres nos metieron en aquel lugar lleno de esquinas y silencio y zapatos adultos que hacían eco por los pasillos, un edificio en forma de trapecio y cara de bloque comunista y persianas color diarrea de paloma, y paredes de baldosas verdeocre, y urinarios repugnantes con cagaderos de agujero y acelerador y papel de lija, de vidrio, para los culos, y una iglesia de las que construían en los setenta, moderna y deprimente y llena de estatuas con formas poliédricas que daban miedo. El Mundo Bizarro de Superman, pero en santos y santas y cristos.
Y curas por todas partes.
Curas Progres, que es como decir Vómito Sabroso, o Sífilis Encantadora. Curas barbudos, curas con chándal, curas con chirucas, curas con guitarra, curas con aliento de madriguera de ave carroñera africana, curas con respiración de catacumba, rojo el iris y negras las intenciones.
Pero todos: curas cabrones.
Allí fuimos a parar los dos, Carnaval y yo y nuestros dos culitos infantiles culitos imberbes.
Carne de cañón."
Pág. 42-43.
"Mi padre me mira, con esos hombros de yugo de bueyes gigantes, y las dos manos pecosas juntas, como orando, su figura de... ¿cómo era el dios ese del yunque? No me acuerdo. Como el dios griego ese, pero en guapo. Y mi padre tiene los ojos irritados cuando me cuenta lo que me cuenta, y casi no puedo acordarme de cuando mi padre era lo que me daba seguridad. Y cómo lo admiraba. Y cómo hablaba de él en tercero de EGB.
Dar cera, pulir cera.
Y va mi padre, va mi padre y se cubre la cara con las manos, y empieza a sollozar. Un hipo controlado pero fuerte, sacudidas fuertes, se le mueven los hombros con explosiones de moto de gran cilindrada, y yo pongo la mano ahí porque he visto que eso es lo que hacen en las series de televisión en los malos momentos.
Y, aunque no me doy cuenta en ese momento, quizá éste es el fin definitivo de tu niñez. El día en que te das cuenta de que tus padres ya no pueden ayudarte, ni protegerte del dolor, y que estás desnudo en medio del huracán de basura que está empezando a soplar. La tramontana de mierda que se levanta en la distancia, acercándose.
Le doy dos golpecitos en el hombro, no sé qué decir, olvidé ser el Niño Malabarista, dejé conscientemente de ser el pegamento instantáneo que mantenía unidos los pedazos del feísimo jarrón que es mi familia y le digo Buenas noches, papá. Mañana será otro día.
No me creo eso.
Mañana sera un día como hoy, o peor, pero algo tenía que decir.
Pasando por la habitación de Gilda abro la puerta con cuidado y meto la cabeza dentro y entrecierro los ojos y la veo ahí, respirando acompasadamente, calmada bajo su edredón de pitufos, y veo en el suelo a Ken Rompepistas desnudo y decapitado, y por un momento pienso que me gustaría ser mi hermana. Sin preocupaciones, más allá de muñecos y de alimentar a Pol Pot y Ya no me estoy con la Meritxell y decidir entre soltera, casada, viuda, monja, enamorada.
Todavía debe de quedarle algo de suerte en su bote; espero que la utilice de manera más juiciosa que yo.
Cierro la puerta delicadamente y me meto en mi habitación. Me saco los pantalones, no, primero las botas, y en camiseta y calzoncillos hago el paso de claqué que me enseñó mi abuelo."
Extraído de "Rompepistas", Kiko Amat. Ed. Anagrama, págs. 210-211.
Más que recomendable es imprescindible para entender algo de lo que muchos llaman la periferia de Barcelona arrugando la nariz despectivamente. Xino, xano, majos... En el camino nos encontraremos.
jueves, 30 de septiembre de 2010
EL HOMBRE INTRANQUILO

EL CALMA SUTRA
- Buenos días.
- Habla por ti, capullo.
Los separados y los adúlteros creen de verdad que dejar mujer e hijos y largarse a vivir con una jovencita valdrá la pena por el sexo vikingo y la introducción violenta de cosas nuevas en otras cosas nuevas que nunca habían sufrido introducciones, pero no es así. En primer lugar, porque hay un número infinito de cosas que se pueden hacer cuando se practica el sexo. En un libro de los setenta que tengo por razones humorísticas, que se llama Love position, sale una pareja kamasutreando en ciento cincuenta posturas (en las fotos van en calzoncillos y bragas; de ahí el tema humorístico), pero hasta un idiota vería que lo que hacen es siempre lo mismo. El zig-zig, como decía mi difunta abuela. El zig-zig en ciento cincuenta posturas diferentes, pero siempre el viejo zig-zig, con el viejo resultado de siempre: diez minutos (siendo optimistas) de ruidos y gemidos y sudor y ferum y excreciones mucosas y blanquecinas y asquerosas, las mires como las mires.
Es por eso que tengo esos ataques de risa delirante cuando leo en novelas cursis frases del estilo: "Te haré cosas que nunca te ha hecho nadie", y el destinatario de las cosas va y se lo cree, el muy infeliz. Quizá imaginando, lleno de expectativas y curiosidad, que lo que le propone aquel pendón desorejado es transmutación de cuerpos, levitación, meterse animales marinos en el culo, viajes en el tiempo, coger la forma de los felinos de la sabana o de anfibios deslizantes. Y, finalmente, resulta lo que siempre es: el viejo chupa-mete-empuja-sale con ocasionales abofetea-pellizca-muerde.
- ¿Cómo? ¿A qué viene eso? -digo, incorporándome en la cama, la cara inflada y amarillenta como un colchón de playa.
- Viene a cuento de lo que haces por las noches, cabrón -responde mi mujer, dándome la espalda y sacando una pierna pecosa de debajo de la sábana para dejar el pie fuera. Cuando saca el pie mueve los dedos inadvertidamente, como despertándolos, como si se preparara para tocar el piano al estilo Jerry Lee Lewis.
No; el sexo, después de todo, no es lo que decide si puedes vivir con una mujer. Los factores que de verdad cuentan para llegar a convivir quince años con alguien son éstos:
a) Compatibilidad térmica (creo que eso ya lo dijo alguien en una novlea; en cualquier caso, es verdad).
b) Acoplamiento adormecedor (o, como lo llama un inglés amigo mío: El Calma Sutra)
c) Buen humor por las mañanas.
d) Gusto cinematográficomusical.
e) Afición culinarioalcohólica.
Y esta mañana, la deflagración que está machacando la c) viene por haber infringido levemente la a) y a b). Porque yo, cuando duermo, me muevo y me sacudo y bailo y giro y vuelvo, variando de postura constantemente, prisionero de unos nervios que no deben descansar ni siquiera cuando mi cerebro se para. Tengo seis posiciones básicas:
1) Esvástica (boca arriba, manos y brazos en esvástica, todo el perfil corporal de señal del III Reich).
2) Sexto piso (boca abajo, brazos y piernas desmadejados como si me hubiesen tirado desde un ático y estuviera machacado en el asfalto).
3) Feto (de lado, recargolat sobre mí mismo, las manos retorcidas sobre el pecho como un bebé nonato o un marsupial pequeño).
4) Crucifixión (boca arriba, brazos abiertos, una mano en la cara de la pareja, piernas juntas).
5) Abrazo primordial (de lado, adherido a la pareja, manos en su barriga, piernas simétricas a las suyas, rascando repetidamente la planta de sus pies con las uñas de los míos).
6) Ramsés (boca arriba, una o dos manos en el pecho, postura mortuoria egipcia).
Una noche agitada como la de hoy podría resumirse con esta secuencia:
Esvástica + Feto derecha + Feto izquierda + Abrazo primordial + Doble Ramsés + Sexto piso con manillas + Feto derecha + Crucifixión + Ramsés simple
En cambio, la Naranja, mi mujer cromática e inframelaninosa, sólo tiene una postura: pie fuera, creando un kebab-saco de sábana en su espalda, enbalsamándome a mí en el proceso. Lo que, en el idioma familiar, llamamos abotifarramiento (ejemplo conversacional práctico: "Hey, prostituta barata, esta noche me has abotifarrado todo el rato")
- ¿Y tú qué, gorda? -contesto meándome encima del poquito de c) (buen humor mañanero), que todavía era virgen y pura-. Tú me has abotifarrado todo el rato, prostituta barata y hepatítica.
- Tenía calor, mongo -contesta únicamente, con voz sorda. Porque ahora tiene la cabeza bajo la sábana.
- ¡Pues destápate del todo, subnormal! -grito, cerrando los puños delante de mi pecho como un Mazinger semivencido- ¡Estamos a treinta y cinco grados! ¿Cómo puede ser que te haga falta la sábana?
- Tenía frío.
- ¿Frío en el tronco, calor en un pie? ¿Las partes de tu cuerpo están a diferentes temperaturas?¿Qué eres, el monstruo de Frankestein? ¿Estás hecha de las partes muertas de otra peña?
- Aha.
Este es un precioso ejemplo de nuestro pattern de discusión. Ella, calmada y letal, como la Garbo de Ninotchka, como la Marlene Dietrich de Testimonio de cargo. Yo, histérico, ictérico, epiléptico y ridículo como el Diablo de Tasmania de los dibujos animados (en feo). Centrifugándome a mí mismo y destrozándolo todo a mi paso.
- Como el puto monstruo de Frankestein -repito, por si acaso se hace el milagro y se enfada. Pero la Naranja ni se digna a contestarme, ahí, bajo la sábana, calmada y letal como un escorpión herido.
Gracias a Kiko Amat por el nuevo libro "L´home intranquil" y a Elisa, que me lo ha regalado. Perdón a los dos por la traducción simultánea (=neologismos y adaptaciones varias) del articulillo que más risa me ha hecho en muuucho tiempo.
lunes, 27 de septiembre de 2010
BARRIGUITAS

El en google cuando buscas barriguitas de famosa te salen fotos de famosas preñadas, de barbies sin preñar y de otras muñecas y juguetes. Todo está relacionado. Es evidente. Pero, ¿por qué? Otro misterio de la humanidad.
Mis muñecas de infancia, las Barriguitas, y yo nos hemos metamorfoseado pero a la inversa. No tengo ganas de explicar por qué opino de este modo. Lo que sí quiero decir es que nunca he acabado de entender el diminutivo de su nombre. ¿Será en plan cariñoso? Quién sabe. Tampoco entiendo la oscura y malévola relación que existe entre los creadores de juguetes y los gurús de nuestra sociedad.
Ya que desde las seis de la mañana estoy intentando ser buena chica y no enfadarme, no escribiré lo que opino de ninguno de ellos, ni de mi barriguita de los cojones. Ay, mierda, había prometido no decir palabrotas. Joder.
Os dejo una foto de la barriguita azul. Da miedo. Dicen que si la miras fijamente un tiempo se te aparece en plástico y hierro.
Vale. Adiós.
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